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Weishan, el tiempo se detuvo en esta ciudad

Llegamos a Weishan, hacia un sol esplendido, cosa que nos alegraba después de ver como había amanecido en Kunming. Nos dirigimos directamente al hotel Wonderland Inn, una casa antigua típica china. Las habitaciones estaban alrededor de sus patios, fachadas de madera con celosías, fuentes y farolillos colgantes. El Sr. Henry nos dio un poco de tiempo para descansar antes de comenzar nuestro recorrido.

Torre de Gongchen

Weishan está situada a 52 km al sur de Dali, antiguamente conocida como “Xielong” y “Menghua,  formaba parte de la antigua Ruta del Caballo y del Té, fue capital del reino de Nanzhao en los siglos VIII y IX. En los alrededores de Weishan nació Xinuluo, primer emperador y fundador del reino de Nanzhao. Con la caída de este reino la ciudad perdió su esplendor, hasta que con la llegada de la dinastía Ming (1368-1644) se convirtió en un importante puesto militar.

En la casco antiguo de la ciudad está su inconfundible Torre Gongchen o Gòngcháng Lou, construida en el año 1390, coronada con un pabellón de estilo chino, fue hogar de una casa de té donde una orquesta local tocaba y ensayaba viejas melodías. El 3 de enero del 2015 fue destruida por un fuego, con la suerte de que el fuego no se extendiese al resto de la ciudad. Hoy está totalmente reconstruida. Una vez que entras al casco antiguo piensas que el tiempo se ha detenido allí. La calle de adoquines que se extiende de norte a sur está llena de casas de la dinastía Ming y Qing. Es un museo de arte vivo, casas construidas en madera y ladrillo de barro o piedra. Las tiendas que hay a ambos lados de la calle son más bien para los lugareños, aunque están despertando lentamente al turismo. Todo me gustaba, era mi primer contacto con el gigante chino, todo era nuevo para mí, como ver desde lejos algo parecido a unas telas amarillas colgando, pero cuando te aproximas compruebas que son fideos largos chinos secándose. Al final de la calle está la Torre de Xinggong, construida en la misma fecha que la Torre Gongchen.

Realmente la ciudad de Weishan no recibe mucho turismo y el que recibe mayormente es de su propio país, eso la hace más encantadora, mantiene su entidad.

Paseando por sus calles laterales visitamos el templo de Confucio, desgraciadamente no he encontrado datos sobre él, pero lo peor es que nuestro guía no nos explicó nada tanto de la ciudad como del templo. Nos extrañó un poco y pensamos que como era el primer día podía estar un poco cohibido. Le dimos un margen de confianza.

Anocheció y nos fuimos a cenar los cuatro. Al restaurante entramos por la cocina y subimos a la primera planta, lleno de grandes mesas redondas que giran para ir pasando la comida de un comensal a otro. Henry nos preguntó que nos apetecía comer, le contestamos que lo eligiese él y la verdad que no estuvo nada mal, carne de cerdo y ternera, verduras, patatas acompañado de arroz, para beber nos puso té. Le pregunté por el nombre del restaurante para luego poder recomendarlo o no, no sabía ni como se llamaba, tuvo que preguntárselo al camarero. El restaurante se llama Liangji Kitchen y os lo puedo recomendar. Casi toda la cena tanto Henry como el chofer se la pasaron mirando el móvil.

Comida en el Liangji Kitchen

Una vez terminamos de cenar, Henry nos acompaño al hotel, nosotras aprovechamos la ocasión para coger el trípode y volvimos al casco antiguo de la ciudad para verla iluminada. Si nos gustó con la luz solar, de noche era mágica. Fachadas y tejados iluminados al igual que la Torre de Gongchen que cambiaba de color, farolillos rojos iluminados colgando,  pero lo que más nos gustaba era la tranquilidad que allí se respiraba. Está iluminada hasta las 10 o 10 y media de la noche.

Weishan de noche

De regreso al hotel, en la plaza nos encontramos con un grupito de personas que tocaban y cantaban música tradicional china, tanto hombres como mujeres cogían el micrófono y aportaban lo mejor de ellos. Es una forma que tienen de pasar el tiempo.

Al llegar al hotel estuvimos hablando o intentándolo con el dueño y una chica, no sabía mucho o mejor dicho casi nada de inglés y eso es un gran problema allí, pero todos nos esforzamos un poco.

Cuando decidimos irnos a dormir y nos sentamos en la cama comprobamos que tenía una tabla de madera dentro del colchón, ahí empezó nuestro calvario chino con las camas.

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