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Vivencias en el Memorial Chorten

Rezando
Rezando

Estuvo lloviendo bastante durante la noche y amaneció nublado. Esta vez el trayecto era solo de unos 70 km, volvíamos a Thimphu. Desayunamos temprano y nos pusimos en marcha, no sabíamos que nos íbamos a encontrar por la carretera. De pronto se nublaba como relucía el sol.

Volvimos a parar en el Paso de Dochu La y hacer más fotos de los 108 Chortens, no pude ver la cordillera del Himalaya, este viaje la niebla y las nubes fueron mis fieles compañeros de viaje, pero no me importó nada, hacía más místico el ultimo reino del Himalaya.

Llegamos a la hora del almuerzo y me volvieron a llevar al Cousin Restaurant Cum Bar. Durante la comida Dorji  me comenta tanto él como Dawa tenían que hacer unas gestiones. ¡¡¡ Bien!!!. Me preguntaron si me dejaban en el hotel para descansar y por supuesto les dije que no, que a mí me llevasen al National Memorial Chorten otra vez, quería disfrutar unas horas en el templo observando a la gente con toda tranquilidad. Les dije que no se preocupasen, si llovía esperaba a que me recogiesen pero si no nos veríamos en la Plaza del Reloj.

Las horas que estuve allí son las que recuerdo con muchísimo cariño y muchos rostros

National Memorial Chorten
National Memorial Chorten

se me quedaron grabados tanto en la retina como en el corazón.

Cuando llegué estuve observando a la gente, creo que para los mayores es un sitio de reunión donde pasan horas y horas hablando con sus amigos aparte de rezar. Me dirigí a la sala donde estaban las velas y le ofrecí una a Buda. ¿El porqué? No lo sé. Era lo que en aquel momento me apetecía hacer. Luego me senté en el césped para ver como giraban y giraban en sentido de las aguas del reloj, tanto los ancianos como los niños. Mujeres que se tumbaban en el suelo para presentarle sus respetos a Buda. ¡Qué tranquilidad se respiraba!. No sabía qué día era de la semana ni del mes, pero no tenía importancia alguna en aquel momento.

Me dirigí donde estaba las grandes ruedas de oración, había comenzado a llover,ancianos  sentados junto a las ruedas las giraban sin interrupción ayudados por una cuerda que colgaba de ellas. Me senté en el suelo cerca de ellos, saqué mi libreta y comencé a escribir todo lo que veía y sentía. Ellos se extrañaban que una extranjera se sentase allí, todos los que visitaban aquel lugar les hacían las fotos y salían corriendo. Entre ellos se hacían comentarios, seguro que se preguntaban que qué hacía yo sentada allí con mi libreta y la cámara de fotos.

Al poco tiempo vino  una anciana y me dio un cartón para que me sentase en él y no pasase frio, no tardaría una medía hora cuando un señor mayor vino y me ofreció un cojín. Oía el canto que entonaba un señor om mani padme hum y se me erizaba el vello. Algunos se quedaban dormidos sentados y pensaba que en cualquier momento se caerían. Empezó a llegar más gente, seguramente habían dado de corto en el trabajo y antes de irse a sus casas pasaban por allí para dar gracias a Lord Buda por un día más superado.

Al poco tiempo algunos ancianos empezaron a sacar sus meriendas la cual compartieron conmigo, me dieron pepino y una navaja con una forma extrañísima para

Flor
Flor

que cortase lo que quisiese, seguían ofreciéndome más comida que por cortesía rechazaba. Era conmovedor ver aquellas personas con esos rostros marcados por una vida dura, que no tienen otra diversión que ir a rezar y encontrarse con sus amigos, me acogieron con cariño y hospitalidad. Enternecedor ver como un hijo viene a recoger a su madre y con la delicadeza que la ayuda a levantarse. Hasta un joven se acercó a mí y me hizo varias preguntas, pues me daba perfectamente cuenta que era extraño ver a un extranjero allí sentado, creo que llamé un poco la atención. Ya eran ellos los que me pedían que les hiciese las fotos, algunas señoras se abrían el cuello de la camisa para que se les viese sus collares y un señor se puso su sombrero. Una mujer quiso que le diese las fotos que le había hecho, intenté en inglés explicarle que no podía sacarlas de la cámara que si me daba la dirección se las enviaría con mucho gusto, ella me contestaba en butanés. Si vuelvo otra vez a Bhutan les llevaré las fotos que les hice.

Mujer en el Chorten
Mujer en el Chorten

Terminé sentada junto a ellos tirando de la cuerda para hacer girar las ruedas de oración.

Como llovía Dawa vino a recogerme, creo que había estado allí sentada durante dos horas, cuando me despedí, uní las manos, me las coloqué a la altura del pecho, les hice una inclinación con la cabeza y les di las gracias, ellos también inclinaron sus cabezas.

Luego volví por la noche con el trípode para hacer fotos nocturnas y me asombró la cantidad de gente que todavía había allí.

 

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