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Viaje en tren a Ella

Sri Lanka, Ella
Paisaje de Ella

Una vez en el tren buscamos asientos, pero estaba lleno y no podíamos ir juntas, pero una señora ceilandesa, encantadora y con unos ojos grandes, llenos de vida nos señaló que en dos asientos podíamos ir las tres, que era cuestión de ir un poco más apretadas.

El día estaba nublado y hacía un poco de frío, como un manto la niebla envolvía el paisaje, parecía un cuento. Bosques, plantaciones de té, pequeñas poblaciones dispersadas entre las montañas, era idílico. Fueron unas dos horas y media de viaje, pero merece la pena hacer ese trayecto en tren. Además nuestra nueva compañera estaba todo el tiempo señalándonos lo que deberíamos ver. A la hora del almuerzo compartimos con nuestra amiga lo que llevábamos y ella también nos ofreció lo que poseía. Lo que nos llamó la atención fue el vendedor que recorría los pasillos con comida y bebida. Se nos hizo corto el trayecto.

Nuestra compañera se preocupó de avisarnos cuando teníamos que descender  del tren. No olvido sus ojos y sonrisa.

La estación de Ella estaba bastante cuidada y daba la sensación de una casa de muñecas. En un campo cerca niños jugaban al cricket. Unos 15 minutos más tarde llegó Thilak, nos llevó a un salón de masajes ayurvédicos.

Sri Lanka, Ella
Restaurante Hotel 98 Acres

Ella es una pequeña población que muchos viajeros eligen para descansar y visitar las plantaciones de té. Estaba anocheciendo y después del masaje nos llevó al hotel 98 Acres. Se compone de 12 cabañas que encajan perfectamente con el entorno. Era un paraíso. Desde nuestro dormitorio divisábamos campos de té, selva, el pequeño Pico Adam. Dije que mi viaje se terminaba allí, que no me quería ir. La terraza era un lujo, contemplábamos el amanecer, veíamos una variedad de pájaros de unos increíbles colores y por la noche el silencio y las estrellas era nuestra consejera. El servicio del hotel  es excelente al igual que el del restaurante. Todas las tardes un camarero venía a la habitación, nos mostraba la carta para que eligiésemos lo que esa noche queríamos cenar. Después de la cena nos fuimos a nuestra terraza y poder disfrutar de aquel lugar.

Sobre las 5,30 horas comenzaba a amanecer, sin pensármelo dos veces me senté en el sillón que había en la terraza, el sol iba apareciendo a duras penas entre las nubes, era mágico el espectáculo que se me ofrecía. Desperté a Herminia para que no se lo perdiese, aquella selva, los cantos de los pájaros y las mujeres tamiles que iban apareciendo entre los caminos para comenzar su jornada laboral.

Sri Lanka, Ella
Hotel 98 Acres

El día era soleado, nos dirigimos a la terraza del restaurante para tomar el desayuno, no tengo palabras para describir lo que en aquel mismo momento sentí y pensé. Mirábamos alrededor, teníamos la piscina entre plantaciones de té y las mujeres trabajando, las montañas, a los lejos un valle, a nuestro lado una especie de lagarto tomando el sol tranquilamente y un jardinero que cortaba el césped con una tijeras de podar, aquello no tenía precio.

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