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Vat Phou

0703.-Paisaje

Después de la cena mucha gente se retiró a sus cabinas y otros se fueron a la planta superior a tomar una copa, entre ellas yo, mi compañía de viaje se fue, cosa que me agradó pues no tenía ganas de hablar ni de discutir. El guía del barco el Sr. Bounthanh era quien nos servía las copas, después de un gran rato me quedé sola con él en el bar y estuvimos charlando, como siempre las preguntas que nos hicimos fue sobre costumbres y formas de vida, el llevaba unos 10 años trabajando en el Vat Phou, que es de una compañía francesa, estaba prácticamente siempre allí solo un día que descansaba y se iba a casa de sus padres. Sin ninguna contaminación lumínica se veían miles de estrellas y los mosquitos habían abandonado su lucha por chuparnos la sangre. El personal tenía habitaciones en la planta baja del barco pero dormían casi todos arriba en las tumbonas y sofás pues decían que el aire acondicionado no les gustaba, así que me retiré a mi cabina para que ellos pudiesen descansar, pues ninguno subió a acostarse hasta que me fui. Dormir dormí poco pero no había amanecido cuando oí los primeros pasos de los trabajadores ya estaba yo fuera con ellos, se extrañaban que me levantase tan temprano, pero la verdad es que no quería perderme nada. Lo primero que vi es como casi todos los varones hacían estiramientos e inmediatamente se iban a duchar y arreglar el barco para que estuviese a punto para los clientes. A partir de las siete de la mañana se ofrecían los desayunos.
Del amanecer que os puedo contar, si la tarde anterior me quedé fascinada no os quiero decir el espectáculo de la mañana, empezabas a ver las barcas de los pescadores faenando en el agua o desplazándose para buscar un lugar para pescar, casi era de noche y la gente estaba en la orilla del rio buscando lombrices para cebo, de pronto el sol comienza a salir entre las pocas nubes que había y el rio adquiere un color gris plateado. Me quedé de pie viendo como a poco aclaraba y el fresco de la mañana me envolvía.
Empezaron a salir los pasajeros de sus cabinas y nos acomodamos en las mesas para desayunar, nosotros siempre compartíamos mesa con las señoras de Suiza y los chicos0754.-El-Vat-Phou franceses, teníamos los cinco una buena armonía, el sexto que ya sabéis quien es no participaba en ninguna conversación ni nada. Mientras tomábamos el desayuno el barco ya había comenzado su recorrido rio arriba.
Paramos en el poblado de Ban Deua Tia, un poblado donde los niños que van a la escuela te reciben cantando con su uniformes, los que no van a la escuela salen a tu encuentro sin pantalones ni zapatos, pero no les falta un saludo ni una sonrisa, sus padres al igual que sus abuelos trabajan las tierras. Para nosotros es la extrema pobreza ver en las condiciones en que viven, sus ropas, el calzado él que posee uno, pero el brillo de sus ojos como su sonrisa los hacen ricos. Si hay que dar algo de dinero por favor háganlo en la escuela, como también entregar libretas, lápices, etc. Durante el recorrido por el poblado te explican los árboles frutales, vegetación y costumbres. Te piden que les hagas fotos para después verse en la pantalla de la cámara lo cual les provoca la risa.

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