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Sunita Devi, visita a la mujer chamán

Hoy era el día que visitaríamos a una mujer chamán, por lo visto era muy famosa en aquella zona. Nos levantamos bien temprano para desayunar, lo hacíamos en la calle delante de las habitaciones. Siempre teníamos la visita de dos niñas a las cuales siempre les dábamos algo para comer. Nos acompañaría el amigo de Mayank, Heera Singh Negi, y este nos dijo que debíamos llevar un puñado de arroz, pues la mujer chamán trabajaba con él.

Puesta de sol en Sari gaon
Puesta de sol en Sari gaon

Teníamos que ir a Ukhimat en jeep. A las 8,30 de la mañana cogimos el coche. Comenzó a llenarse el vehículo y a mí me tocó sentarme al lado de una mujer la cual le gustaba de vez en cuando tocarme el cabello con mucha delicadeza. Comenzamos el recorrido y de en vez en cuando parábamos en la carretera para recoger gente. Fuimos en dirección contraria a Ukhimat, teníamos que cambiar de vehículo. Venía con nosotros tres niñas que se dirigían a la escuela. Vestidas con sus uniformes y trenzas no paraban de comer golosinas a primera hora de la mañana. El jeep se llenó de tal forma que al final una de las niñas la senté sobre mis piernas. Entre ellas reían y cuchicheaban. Cuando estábamos a mitad de camino de pronto la que estaba sentada sobre mi regazo le dijo a su amiga que se cambiase de lugar, se sentó cerca de la ventanilla porque la pobre tenía que vomitar. ¡Claro! Tantas curvas y tantas golosinas le sentaron mal. Allí, si vomitas por la ventanilla el coche ni siquiera se detiene.

Paramos a la entrada de Ukhimat y desde allí continuamos descendiendo la carretera a pié. Cuando llegas a la primera tienda que hay a la izquierda en la cuneta, tienes que coger un camino que hay justo detrás de ella. El descenso por la ladera de la montaña no era muy difícil. De vez en cuando nos encontrábamos con mujeres que seguramente venían de visitar a la mujer chamán.

Heera Singh Negi y Mayank Bisht
Heera Singh Negi y Mayank Bisht

Al final del camino llegamos a una casa que estaba sumamente bien cuidada, salió una mujer a recibirnos y nos hizo pasar y esperar en el patio mientras nos ofrecía té. La mujer chamán estaba ocupada con otros clientes. No hubo problemas para entrar en la habitación y ver lo que hacían. Me daba rabia no entender su idioma, me moría de curiosidad por saber lo que decían, además una de las mujeres estaba llorando.

Nos tocó el turno a nosotros, Heera Singh Negi estuvo hablando bastante tiempo con Sunita Devi, así es como se llamaba la mujer chamán. Yo estaba sentada en el suelo frente a ella, a mi derecha había gran cantidad de imágenes de diosas, botellas y botes de plástico con bebida y comida que seguramente habían sido ofrecidas a las diosas, campanas, pero lo que más captó mi atención fueron las fotografías de un muchacho joven. Posteriormente me comentaron que era el hijo de Sunita Devi, falleció en unas fuertes riadas en el año 2014 a los 18 años de edad.

Sunita Devi, la mujer chamán
Sunita Devi, la mujer chamán

Le hice entrega del arroz, se quedó mirándome fijamente a los ojos, yo no retiré la mirada, pero tenía la sensación de que me estaba desnudando interiormente. Mientras me observaba, tenía un puñado de arroz en la mano que lo lanzaba hacía arriba y lo volvía a recoger, de pronto me lanzó un puñado a la cabeza y cara. Nos mirábamos cada vez más profundamente, era como un duelo, a ver quién podía más. Volvió a lanzarme arroz, todo esto, sin dejar de hablar. Mayank era el que me iba traduciendo, yo no pronuncié ni una palabra, no hice ningún tipo de preguntas, dejé que ella hablase. Lo que fue diciendo o afirmando de mí era cierto. Aquella mujer de la cual jamás había oído hablar y ni siquiera había pensado  visitarla, dio de lleno, en poco tiempo dejó mi interior al descubierto. Me pidió que hiciese una ofrenda a la diosa Durga en un templo, mientras me ponía un trozo de cordón de algodón rojo y amarillo en la muñeca de la mano y le hacía un par de nudos. Posteriormente estuvo hablando con Mayank.  El arroz sobrante nos lo entregó a cada uno el nuestro, para hacer posteriormente las ofrendas a los dioses.

Cuando terminamos, me dio la sensación que ella había salido como de un trance, hizo un movimiento extraño con la cabeza y le cambió la expresión de la cara. Comenzó a hablar con nosotros, hacernos preguntas y a sonreír.

Regresamos a Ukhimat, Heera Singh Negi se despidió de nosotros, tenía cosas que hacer y no volvía con nosotros a Sari gaon. Nosotros mientras esperábamos el jeep compramos fruta y tomates.

Llegamos a la casa rural y Dilma nos trajo la comida, esta vez le puso bastante picante a las verduras y Mayank me aconsejó que no las comiese, era mucho para mí, así que solo comería arroz blanco y yogurt. El arroz estaba como para tirarlo a la pared y seguro que no se despegaría, incomible. Estaba mosqueado por el almuerzo que nos habían servido, pero yo preparé una ensalada de tomate que nos supo a gloría.

Nagraja Ratneshwar Temple
Nagraja Ratneshwar Temple

Por la tarde volvimos a subir al Nagraja Ratneshwar Temple. Nos sentamos en la hierba mientras esperábamos que el sacerdote Mahatma Bhayat regresara, tenía ganas de volver a conversar con él. Mientras miraba el paisaje le dije a Mayank “estoy soñando con un plato de espaguetis o con un buen chuletón”, estaba muerta de hambre. El sacerdote llegó pero se encontraba un poco indispuesto, se había mareado en la carretera. Su señora nos ofreció té y unas galletas pero él tuvo que acostarse porque el mareo no se le pasaba.

Volvimos a la casa rural, teníamos que hacer el equipaje, al día siguiente nos esperaba un trayecto largo hacía Rishikesh.

 

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