You are here
Home > Mis viajes > Asia > Sri Lanka > Sigiriya, la montaña sagrada

Sigiriya, la montaña sagrada

Sri Lanka
Paseo en elefante en Habarana

Comenzó a oscurecer y nos marchamos del parque, volvíamos al restaurante para tomar otra vez nuestro coche. Nos quedamos un rato para hablar y tomarme un arak (licor de palma de coco), ellos suelen rebajarlo con agua, pero yo me lo tomé puro y duro, dicha sea la verdad no estaba mal. Volvimos al hotel para la cena y descansar.

A la mañana siguiente después del desayuno fuimos a dar un paseo en elefante, cerca de las instalaciones del hotel. Nos subimos al paquidermo y lo primero que tuvimos que hacer es comprar plátanos para ir dándoselos al animal mientras nos porteaba. No sé porqué le comenté a Herminia que el paseo se acabaría cuando ya no tuviésemos mas plátanos y así ocurrió, no llevábamos 20 minutos subidas cuando decidieron que teníamos que regresar. Fue una excursión decepcionante, se lo comentamos a Thilak y nos dijo que eso no podía ser, que habíamos contratado para una hora. El luego llamó para informarse que es lo que había sucedido y llamarles la atención, tuvieron la desfachatez de decir que yo había ordenado  volver. ¡Así que hay que estar atentos!

Luego nos dirigimos a Sigiriya. La Roca o Montaña Sagrada de unos 370 metros de altura, es otro Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Excavaciones arqueológicas han demostrado que la zona estaba habitada hace cinco mil años, durante el mesolítico. En el siglo III antes de Cristo se instalan aquí las primeras comunidades monásticas budistas. La creencia popular en Sri Lanka dice que Sigiriya fue una fortaleza, que el rey Kassapa asesinó a su padre Dhatusena en Anuradhapura en la segunda mitad del siglo V, se exilió en Sigiriya y construyó una fortaleza inaccesible en la cima.

Sri Lanka
Sigiriya, La Roca Sagrada

La entrada la hicimos por los Jardines Reales que bordean la base de la montaña. Nos encontramos con unos albañiles arreglando un pequeño muro, trabajaban de la forma más rudimentaria que te puedas imaginar, ¡eso sí!, dos trabajaban y el resto observaba. Mientras avanzábamos hacia la roca el calor nos machacaba, y solo pensar la cantidad de escaleras que teníamos que subir se me abrían las carnes. Llegamos a los Jardines Rocosos, se cree que estas rocas fueron cimientos de edificios que se alzaron aquí. Comenzamos la subida, escalones y mas escalones, hasta llegar a unas escaleras metálicas de forma caracol que estaban incrustadas en la roca. Eran muy seguras, pero no aptas para las personas que padecen de vértigo. Llegamos a los famosos frescos de Sigiriya, pinturas budistas plasmadas a media altura de la roca, conocidas como las damas de Sigiriya, dicen que representan a las damas de la corte de Kassapa, pero los arqueólogos sostienen que serían divinidades femeninas budistas, probablemente la diosa Tara. Bellísimas pinturas de mujeres con el talle ajustado y hermosos pechos al descubierto, no se conoce su fecha exacta cuando fueron pintadas pero se apunta al siglo V. Son las mejores pinturas budistas del mundo y muy parecidas a las de las cuevas de Ajanta en la India. Cuando llegamos Herminia parecía que le habían echado un cubo de agua, estaba chorreando en sudor. Seguimos subiendo ya por unas escaleras normalitas y a nuestra izquierda estaba el Muro de los Grafitis donde los visitantes escribieron su admiración por las Damas en escritura palí, están muy estropeadas porque en el siglo XX los gamberros también escribieron.  En mitad de un escalón nos encontramos una pequeña y preciosa serpiente, la pena fue que cuando descendimos estaba muerta, alguien la pisaría sin darse cuenta o a propósito. Llegamos a las Garras del León, hicimos un pequeño descanso porque cuando vimos todavía lo que nos quedaba pensamos que teníamos que tomar fuerzas. Son los restos de un enorme león de piedra y ladrillo rojo del siglo V. Entre las garras parten unas escaleras que conducen a la cima.

Top