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Regreso a Luang Prabang

Después de tanta cerveza la noche anterior estábamos bien temprano levantadas y preparando la mochila. El chofer de nuestro magnífico coche llamó a la puerta y nos pidió permiso para usar nuestro baño. Nos extrañó mucho porque pensábamos que ellos habían dormido también en el albergue. Se ducho y se marchó sin decir nada, cuando entramos al baño aquello era una piscina no había forma de entrar. Herminia sin saber idiomas salió a buscarlo, le hizo regresar y limpiar aquello. A veces las palabras sobran, pero sus gestos y expresiones fueron lo suficiente para que lo entendiese.

Muerta de frío en nuestro magnífico coche
Muerta de frío en nuestro magnífico coche

Volvíamos a Luang Prabang, estábamos machacadas, nuestros pantalones creo que andaban solos de sucios que estaban, Herminia se puso la rebeca al revés para que no se notase tanto la suciedad. El día amaneció entre niebla y hacía frio, parecía que el misterio se había apoderado de Muang Phone Xay. Nos dimos una vuelta antes de salir, nos encontramos a Sivon con otras muchachitas queriéndose hacer fotos, era encantador ver como aquel jovencito iba enamorando a las chicas a su paso.

De vez en cuando teníamos que bajarnos del vehículo porque se quedaba parado en las cuestas, nos venía bien andar un poco porque nos estábamos quedando congeladas. Nuestros maltrechos cuerpos sufriendo además con todos los baches que había en el camino. Nosotras alucinábamos, todos ellos hicieron el recorrido por la selva en chanclas. Khamphone se sentó con nosotras, iba escuchando la radio, de pronto hizo un comentario de las noticias que nos dejó atónitas “ los militares han matado a 18 personas”. Le pregunté que qué es lo que había sucedido, me contestó que las habían matado porque seguramente habrían hecho algo mal, seguidamente le comenté que no se mataba así porque sí a tanta gente, que seguramente habría pasado algo. Insistí en sacarle información pero fue como toparme con una pared de hormigón, le pregunté que qué pensaba él del sistema político y tampoco hubo respuesta. Me di cuenta de que había miedo por mucho que ellos dijesen que todo iba bien, sobre todo los de la etnia Hmong que todavía sufrían castigos por el estado.

País de un millón de elefantes
País de un millón de elefantes

El cielo empezó a despejarse y el sol a deslumbrar, por el camino nos encontramos con unos pocos elefantes adiestrados, el conocido país de un millón de elefantes se ha reducido a unos 2000 ejemplares, de los cuales unos 800 viven en estado salvaje y el resto de 1.100 a 1.300 se emplean para trabajar.

Llegamos por fin a la casa de Khamphone, nos invitó a almorzar y para no variar el menú era arroz y bambú, que fue lo único que comimos durante nuestra estancia en las montañas. Allí se quedaron Sivon y Sajon a los cuales les tomamos cariño, habían estado pendientes todo el tiempo de nosotras, dijeron que era una pena el no saber algo de inglés que les hubiese encantado hablar con nosotras. Comenzamos a despedirnos de la familia, al padre le pedimos que nos pusiera unas pulseras de algodón y dijese algunas palabras para desearnos suerte.

Por fin estábamos en nuestro hotel The Chang Heritage Hotel, nos habían guardado el equipaje durante nuestro vagar por las montañas. Khamphone nos dijo que luego se pasaría para dar una vuelta con nosotras y cenar. Le dijimos que no, que Herminia necesitaba una ducha de dos horas y yo otras dos, pero sobre todo necesitábamos descansar, nos dolían las piernas pero sobre todo los gemelos, eran una piedra, nos costaba trabajo subir y bajar los escalones.

La ducha nos relajó bastante, pero para lavarme el pelo tuve que echarme cuatro veces champú, no había forma que hiciese espuma. Decidimos dar una vuelta y buscar una sala de masajes, tenían que recomponernos de alguna forma.

Nos dirigimos al Spa Garden, una preciosa casa con jardín, en un lugar tranquilo cerca del Wat Nong Sikhummeuang, nos dieron cita para dentro de dos horas. Así que decidimos irnos a cenar, esta vez elegimos un restaurante italiano, necesitábamos comer algo que tuviese trigo, nos tomamos una piza con una cerveza, normalmente como siempre la comida del país, pero nos hacía falta una variedad ese día.

Spa Garden, preciosa casa para darse un masaje
Spa Garden, preciosa casa para darse un masaje

Cuando regresamos a la casa de los masajes, lo primero que nos ofrecieron fue un té, nos hicieron sentar y nos lavaron los pies. Nos pasaron a una bonita habitación a las dos juntas, lo pedimos así por si le preguntaban algo a Herminia poder yo contestar. Es uno de los placeres que un visitante no debe dejar de hacer. Se percataron lo mal que llevábamos las piernas (gemelos), se emplearon a fondo. Si alguien habla de milagros, aquello fue uno, pues cuando terminaron con nosotras podíamos subir y bajar los escalones sin problemas. No os podéis imaginar cómo dormimos aquella noche.

 

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