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Regreso a Yangón

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Lago Inle

Continuamos con nuestro recorrido por el lago Inle, era nuestro último día en Myanmar. Aquel lugar no dejaba de impresionarme, hombres transportando barcas llenas de algas que utilizaban para las plantaciones flotantes, vimos las tomateras en el agua y nos mostraron como las desplazaban de lugar, hombres pescando, niños que salían a saludarnos, casas o mejor dicho palafitos donde piensas que es imposible vivir y que deben carecer de lo más imprescindible pero las antenas parabólicas no faltaban. Pero lo más bello era la tranquilidad que se respiraba, en Myanmar fue el país donde me quité el reloj, el tiempo no tenía importancia. Visitamos tiendas donde vendían camisetas y longis, volvimos a almorzar en el mismo restaurante con magnificas vistas del lago pero lleno de turistas.

Después del almuerzo, cerca del pueblo de Nyaung Shwe visitamos el Shwe Yan Pyay, un monasterio de principios del siglo 19, construido sobre pilares, de madera de teca ricamente decorado con mosaicos y oro. Lo peculiar del monasterio son sus ventanas ovaladas que lo hacen atractivo para fotografiar a los monjes. Según nuestro guía la mayoría de los niños eran huérfanos y aquí tienen la posibilidad de estudiar.

Por la tarde cogimos el avión desde Heho hasta Yangón, volvíamos al Hotel Nikko donde empezó nuestro viaje. Nuestro guía Kyaw Minn nos hizo un comentario que a mí me dejo atónita “hemos pasado muchas veces por delante de la casa de Aung San Suu Kyi”. No se me hubiese ocurrido hablar de ella ni preguntar nada sobre ésta Premio Nobel de La Paz que desde 1989 hasta el 13 de noviembre de 2010 fue sometida a varios arrestos domiciliarios y encarcelamientos, esto significaba que nuestro guía ya no nos veía como periodistas y confiaba más en nosotros. Tampoco hizo jamás un comentario delante del chofer o su ayudante, porque nos comentó que podían estar al servicio de la Junta militar. Aquello era duro.

A la mañana siguiente nos dimos un paseo por Yangón, queríamos aprovechar hasta el último minuto, contemplar los edificios de la época colonial, los puestos en la calle y sobre todo de su gente.

Aprovecho el final del trayecto para hacer varios comentarios sobre este país. En Myanmar la población consume mucho la hoja de betel con nuez de areca y cal apagada que al masticarlo los dientes adquieren un color rojo sangre, lo que a veces resulta un poco desagradable cuando escupen y lo hacen muy a menudo.

Un año después de mi visita se produjo la Revolución del Azafrán, revolución llevada a cabo por monjes seguida por estudiantes y gente de a pié, la información que nos llegaba era que solo habían muertos unos pocos monjes, cosa que no fue verdad, cientos de personas murieron, se produjeron arrestos nocturnos y se cerró el acceso a internet. El coronel de la Junta militar desertó pidiendo asilo a Noruega y exiliándose a la jungla con los Karen, una de las etnias más castigadas por los militares.

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Shwe Yan Pyay

Luego fue azotada por el ciclón Nargis, donde murieron y desaparecieron más de 140.000 personas. La Junta Militar primeramente prohibió la entrada de la ayuda internacional, pero la magnitud del desastre fue tan grande que tuvieron al final que claudicar, cuando entró dicha ayuda los mismos militares traficaron con ella.

Sé que ahora están más abiertos al turismo y deseo que para bien del pueblo birmano haya cambiado un poco la situación.

 

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