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Regreso a Katmandú

1970.-Durmiendo-a-la-luz-del-dia
Murciélagos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tuvimos que levantarnos muy temprano y salir sin desayunar, Ram nos llevaba a las afueras de Pokhara a un monte para ver amanecer  contemplando el Annapurna. Todo estaba lleno de japoneses y la meteorología no prometía mucho, las nubes quedaban a nuestros pies, pero ya que no pudimos ver el Everest no perdíamos la esperanza de ver el Annapurna. De pronto todos los japoneses exclamaron ¡OH!, dirigiéndose al unísono hacia el este, era el sol, tampoco era un amanecer espectacular, pero parecía que era el primero que veían en su vida. Esperamos un buen rato, pero no hubo forma, por lo visto en este viaje no teníamos suerte para ver el Himalaya. Ram nos explicó que a partir de octubre hasta febrero había buena visibilidad de la cordillera pero que ese mes noviembre estaba siendo muy extraño en lo que se refiere al clima. Así que nos fuimos al hotel a desayunar y ponernos de camino regreso a Katamandú. Otra vez la tortura de carretera.

Alberto estaba un poco mosqueado, hasta el punto que no quería parar para hacer unas fotos sobre las cocinas de arcilla que había delante de las casas, decía que era una pena no haber podido ver ni el Everest ni el Annapurna, le conteste que eso era solamente porque teníamos que volver otra vez. Se nos hizo eterno el camino, camiones averiados, accidentes, caravana, etc.

Cuando llegamos al hotel Sangri-La no nos parecía verdad, pero tuvimos tiempo para cambiarnos e irnos a dar una vuelta por el barrio Thamel y cenar algo.

A la mañana siguiente hacía un sol esplendido y el cielo estaba totalmente despejado, más coraje nos dio porque era nuestro último día en Nepal. Mientras caminábamos hacia el  barrio Thamel me quedé atónita cuando vimos murciélagos de un tamaño descomunal a plena luz del día colgados de un árbol. Callejeamos tranquilamente por el barrio Thamel y proximidades de la Plaza Durbar, descubrimos rincones maravillosos, éramos conscientes de que aquella bulliciosa y estresante ciudad llena de turistas, tráfico, tiendas era un monumento viviente. Plazas con stupas, templos, ventanas y puertas talladas exquisitamente en madera algunas de ellas en estado decadente, patios interiores donde menos te puedes imaginar hay un templo dedicado a uno de sus dioses, calles llenas de comercio divididas por gremios, era un festival para nuestros sentidos. A todo esto se suma la amabilidad del pueblo nepalí.

No me importaría volver y dedicarle el tiempo que se merece.

Almorzamos y regresamos al hotel que tuvieron la deferencia de dejarnos una habitación para nuestras maletas y ducharnos antes de partir hacia el aeropuerto. Nuestro avión salía sobre las 23:30.

2016.-Thamel
Al sur de Thamel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con bastante tiempo Ram nos recogió, primeramente por el tráfico que hay camino del aeropuerto y por todos los trámites y colas que hay que hacer.

Había sido un viaje formidable, tanto Bhután como Nepal me sorprendieron. De mis compañeros de viaje Carmen y Alberto solamente darles las gracias por esos días tan inolvidables que compartimos, ha sido las vacaciones aparte de mi segundo viaje a Laos que más he reído y disfrutado en una buena armonía y compañerismo.

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