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Recorriendo los alrededores de Sari Gaon

A la mañana siguiente cuando me desperté y fui a abrir la ventana del dormitorio me encontré con mi primer visitante, en el postigo de la ventana había una araña, pero una araña como para salir corriendo, yo me quedé cuajada. Intenté echarla fuera pero fue imposible.

Una de mis arañas
Una de mis arañas

Mayank preparó el desayuno, tortilla francesa, pan de molde tostado al cual le ponía aceite de oliva (una reliquia muy cara allí que Mayank compró) y tomate. Me supo a gloría.

El propietario de la casa rural Hira Singh Negi tiene 60 años, fue primeramente leñador, luego tuvo un pequeño restaurante y ahora tiene la casa rural y está construyendo otro restaurante cerca del lago Deoria Tal. Su mujer Dilma Devi Negi de 56 años es la que prácticamente se ocupa todo el tiempo de su nieto Anshu Negi de 10 meses y de la cocina. El matrimonio tiene una hija que está casada y un hijo de 27 años Prithvi Negi que trabaja en Delhi y según nos contaba su padre trabajaba por un sueldo miserable, su mujer de 24 años Vinita Negi vive con sus suegros, que es la norma en la India. Vinita es la que se marcha temprano al campo a trabajar duramente y cuando vuelve a casa también se dedica a fregar y cocinar. La familia Negi como Mayank son Rajput, miembros de unos de los clanes patrilineales territoriales del norte y centro de la India, se consideran a sí mismos descendientes de una de las castas chatria (grupo de guerreros gobernantes). Conocida su fama como guerreros, muchos entraron al servicio de los ejércitos. Durante el dominio británico el gobierno los aceptó y reclutó en su ejército, los consideraban valerosos, leales, tenaces y con una fortaleza física y capacidad de recuperación inigualable. Actualmente el estado de Rajasthan es el hogar de la mayoría de los rajput. Hoy en día se decidan muchos rajput a la enseñanza, labranza y sobre todo al servicio militar.

Cocina en casa de Negi
Cocina en casa de Negi

Después del desayuno Dilma nos mostró su casa que estaba situada en la parte de arriba de la casa rural. La cocina, una habitación cuadrada donde se cocina en el suelo con leña aunque también tienen una hornilla de gas, solo tenía un mueble viejo, las cosas están colocadas encima de un poyete de obra. Su dormitorio una cama junto a un arcón donde guardan el grano que recolectan y una pequeña televisión encajonada en la ventana. Debajo de la casa estaba la cuadra con las vacas. Negi estaba sentado en el suelo delante de la casa ocupándose de su nieto.

Seguidamente Mayank y yo nos fuimos a recorrer la zona, comenzamos caminando carretera abajo.

Paisaje desde Sari Gaon
Paisaje desde Sari Gaon

Lo primero que nos encontramos fue con un grupo de trabajadores que estaban arreglando la carretera, con los monzones grandes rocas se habían desprendido y destrozado el asfalto. Todos los que trabajaban allí eran nepalíes. Las condiciones de trabajo son durísimas, pican la piedra a cincel y martillo durante todo el día a pleno sol. El salario de estas personas estaba a 260 rupias por día, que viene a ser unos 3,70 euros. Viven y duermen junto a la carretera en chozas de plásticos fabricadas por ellos mismos, tanto mujeres, hombre y niños. A pesar de haberlo visto en infinidad de ocasiones, no quita que todavía sienta una enorme tristeza. A dos de las trabajadoras las reconocí, pues la noche anterior fueron a la tienda de Negi a comprar alcohol y se lo pidieron fiado, no tenían dinero, le comentaron que lo pagarían al día siguiente. No me gusta juzgar a la gente, pero en aquel momento pensé que trabajar tan duramente para luego gastárselo en alcohol y lejos de su tierra, pero por otro lado pensaba que posiblemente era el mejor medio para olvidar en las condiciones que vivían.

Viviendas de los trabajadores nepalíes
Viviendas de los trabajadores nepalíes

Continuamos descendiendo, el paisaje era maravilloso, bosques frondosos, mujeres trabajando en los campos de trigo y arroz, las vacas acampando a sus anchas y lo que más me gustaba era esa cantidad de agua que caía por cualquier lugar procedente de las montañas.

En una cascada de agua hicimos un alto, aprovechamos para quitarnos las zapatillas y meter los pies en el agua helada y refrescarnos. Estuvimos un buen rato hablando y descansando, de paso le enseñaba a Mayank como funcionaba la cámara de fotografía.

Teníamos que deshacer lo recorrido, pero ahora se hacía más duro, había que ascender y el calor apretaba con toda su fuerza.

Nos lo tomamos con tranquilidad. Cuando llegamos Dilma nos había preparado el almuerzo, arroz blanco con lentejas y verduras (hojas de calabaza). Comimos los dos en la habitación y el mantel era un papel de periódico.

Lentejas, arroz y hojas de calabaza
Lentejas, arroz y hojas de calabaza

Mientras comíamos la familia de arañas había crecido, por lo menos había tres o cuatro decorando las paredes.

Me di perfectamente cuenta de que en el pueblo de Sari Gaon las mujeres son la columna vertebral, ellas son las que hacen el trabajo duro en los campos, llevan la carga de la casa y de los hijos. La vida en el pueblo se acabaría sin ellas.

 

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