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En el poblado de Sari Gaon, Uttarakhand

El pueblo de Sari Gaon está a unos 2000 metros de altitud, pertenece al estado de Uttarakhand. Este pueblo sirve como campamento base para hacer diferentes excursiones, como al Lago Deoria Tal, al templo de Tungnath (el templo más alto del mundo dedicado a Lord Shiva, 3.680 metros, se cree que tiene unos 1000 años de antigüedad y posee una rica leyenda vinculada con los Pándavas, cinco hermanos héroes de la epopeya Mahabharata) o Chopta, santuario de la vida silvestre de Kedarnath. En el año 2011 este pueblo tenía unos 80 habitantes y unas 23 viviendas.

Paisaje desde Sari Gaon
Paisaje desde Sari Gaon

La vida transcurre tranquilamente en Sarí Gaon, es como si el reloj no existiese. Por la tarde nosotros dimos un pequeño paseo por el pueblo y veíamos como las mujeres venían cargadas con todo lo que habían estado segando, mientras los niños se divertían con cualquier objeto o inventaban juegos en las calles.

Delante de nuestra habitación llegaba gente mayor a conocernos, se sentaban allí y entablaban conversación, se había corrido la voz de que estábamos en la casa rural y comenzaron a desfilar unos y otros durante los días que permanecimos allí. Además al tener los dueños una pequeña tienda teníamos un desfile de gente continuamente, pero me asombraba la de chucherías que los niños compraban y comían.

Vinita con el móvil cocinando
Vinita con el móvil cocinando

La segunda noche los dueños de la casa nos invitaron a comer con ellos en su cocina, para que pudiese ver realmente como es la vida cotidiana de ellos. Dilma encendió la leña y comenzó a preparar el calabacín, su nieto Anshu gateaba por allí queriéndolo coger todo, Negi el abuelo era el que se encargaba de entretenerlo y cantarle. La madre de Anshu, Vinita que había estado todo el día trabajando en el campo también se puso a cocinar, ella se encargó de hacer el roti. Me encantaba ver con que habilidad los hacía y además atendía su teléfono móvil. Todo lo elaboraba sentada en una pequeña y baja banqueta. Mayank y yo estábamos de espectadores y conversando con Negi, aparte de entretener al niño. Me fijé que el techo de la habitación estaba más negro que el hollín, creo que jamás lo habían pintado.

La cena consistió en calabacín, lentejas, arroz y roti, la cual la comimos sentados en el suelo. Fue una velada agradable, pero todo me hacía pensar en la vida tan cómoda que nosotros teníamos, con todos los utensilios habidos y por haber en nuestras cocinas, nuestras mesas cubiertas de manteles y servilletas, nuestros fregaderos o lavavajillas donde lavar platos, ellos no tenían nada de eso, delante de la puerta de la cocina en un barreño o plato grande fregaban todo lo que habíamos utilizado. Lo que no olvidaré fue la conversación que tuvimos después de la cena sobre las herencias cuando fallecía el padre. La mujer después de haber estado casada toda su vida y haber trabajado como una negra no recibe nada, todo es para el hijo o hijos varones, las hijas que se han ido o han sido entregadas a otras casas no reciben nada, así que la madre pasa a depender del hijo. También le pregunté si era factible que la esposa heredase algo y me contestó que si era posible que si el hombre quería lo podía hacer perfectamente. También se daban casos en que los varones no se hacían cargo de sus madres, lo cual significaba que estarían solas en su vejez a merced de cualquier cosa.

Negi y Mayank
Negi y Mayank

Me   daba pena Vinita que con sus 24 años trabajaba duramente en el campo y luego participaba también en las labores de la casa además de cuidar de su hijo. Vinita nos contó que su madre era viuda y que tenía dos hermanas más. Ella había estudiado y hecho estética, pero que estaba un poco enfadada con su madre por haberla entregado a esa casa en matrimonio, a sus dos hermanas las había casado con militares, vivían en la ciudad y tenían mejor vida que ella. Nos decía que para ganarse un dinerillo extra alquilaba su traje de novia, quería ahorrar y en un futuro le gustaría ejercer su profesión. Le pregunté a Mayank si Vinita se llevaba bien con su suegra y me contestó que sí. Pensé que eso ya era un punto a su favor. Pero Vinita siempre tenía una sonrisa y sus dientes blancos destacaban mucho sobre su rostro bronceado del duro trabajo en el campo.

Calabacín, lentejas y roti
Calabacín, lentejas y roti
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