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Phobjikha el valle de las grullas negras

Phobjikha

Phobjikha un valle glaciar en forma de cuenco

Hoy teníamos un largo trayecto desde Trongsa hasta Punakha visitando el valle de Phobjikha, como mínimo sería de 5 a 6 horas si todo iba bien.

El día estaba gris y las nubes las tenía delante de mi habitación, humedad se hacía sentir bastante y la sensación de frío aumentaba por minutos.

Salimos temprano de Trongsa y en cierto modo me alegraba de dejar el Phuenzhi Guest House, su dueño no me agradó nada. Seguíamos con nuestra buena armonía y siempre que podíamos hacíamos una parada para hacer fotos, la niebla cubría como un manto de seda las montañas y hacia más místico el país.

Phobjikha
Yak en el valle de Phobjikha

Nos dirigíamos al Valle de Phobjikha a unos 3000 metros de altitud. Era una maravilla, por el camino ibas contemplando rebaños de yaks y una vegetación exuberante. A ratos llovía, a ratos la niebla era impenetrable, desde luego que conducir era difícil. El centro de este valle pantanoso es mejor evitarlo a pié pero es famoso porque las grullas de cuello negro (Grus Nicorocolis) emigran desde Qinghai-Tibet a Bhután. Los butaneses tienen un gran respeto a estos pájaros celestiales y hay muchas canciones populares sobre ellos. Es una de las reservas naturales más importantes del país. Además de las grullas también hay ciervos, osos salvajes, seraus (capricornis), osos negros del Himalaya, leopardos y zorros rojos en las montañas circundantes.  Estuvimos en el centro de avistamiento de dichas aves y el 12 de Noviembre se celebra el Festival de las Grullas de Cuello Negro.

Paramos para ver el templo de Gangtey Gompa del siglo XVII. Pema Lingpa profetizó que un goemba llamado gang-teng (colina) se construiría en ese lugar y que sus enseñanzas se extenderían desde allí. Pema Thinley, el nieto y la reencarnación de Pema Lingpa construyó un templo Nyingma en 1613, y el goemba más grande fue construido por la segunda reencarnación Tenzing Legpey Dhendrup. La sala de oración es una de la más grande de Bhutan.

Phobjikha
Trongsa

Seguimos nuestro trayecto y parada para comer en un lugar con unas vistas impresionantes, no me acuerdo del nombre. Las montañas, las casas aisladas en la ladera de la montaña y el sol que intentaba salir a duras penas entre las espesas nubes. No me cansaba de mirarlo, pero teníamos que seguir.

De camino vimos un pequeño mercado y le pedí a Dawa que por favor nos dejara hacer fotos, no habíamos coincidido en todo nuestro viaje con los mercados de alimentos que tanto me gustan. Era de verduras pero lo que predominaba era los pimientos picantes. Hice fotos a las fachadas de las casas, hasta ahora no he hecho referencia a que muchas tienen pintado un pene en su pared,  todo para traer suerte, prosperidad y fertilidad en la casa.  La siguiente parada fue un pueblo y estuvimos viendo una competición de dardos, que me asombró el tamaño de los dardos y la vista que esa gente tiene, pues los lanzaban a más de 15 metros de distancia y al igual que en el tiro al arco hacen sus bailes y rituales cuando ganan.

Phobjikha
Fachada camino a Punakha

Llegamos al hotel Damchen Resort. La habitación que me dieron era enorme con vistas al río. Tanto el hotel como su restaurante se pueden recomendar con toda tranquilidad. Dejamos las maletas y nos fuimos con Dawa (porque el guía no sé donde estaba) a dar una vuelta antes de la cena por la ciudad de Punakha. Llovía y tampoco había muchos lugares donde ir. Así que nos fuimos a tomar una cerveza en una tienda que vendía tanto sus trajes regionales, telas y además tenía unas cuantas sillas de plástico y una mesa para atender a la gente que quisiese tomar algo. ¡Me parecía todo tan irreal! Pero disfrutaba con ello.

La cena la acompañamos con una cerveza para no perder la costumbre y como nos habíamos tomado otra en aquel lugar tan maravilloso nos retiramos pronto a nuestras habitaciones un poco achispados.

Yo contaba los pocos días que nos quedaba por estar allí y la tristeza se iba apoderando de mí, pues si soy sincera no hubiese vuelto a mí país.

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