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Paro y el Nido del Tigre

0522Nos pusimos en camino hacía Paro, hicimos parada en la ciudad y anduvimos por sus calles que se recorren en poco tiempo pues es pequeña, nos atraía la construcción de sus casas, se parecía al aeropuerto, fachadas blancas y ventanas de madera pintadas con muchos colores. El estado quiere que se conserve las tradiciones y costumbres. Parecía un cuento sobre todo al ver a los hombres vestidos con su indumentaria popular una especie de hábito como el de los tibetanos pero mucho más corto y se lleva atado alrededor de la cintura por encima de la cual se deja un amplio pliegue que sirve de bolsillo. Se dispusieron a llevarnos al hotel y comprobamos que estaba en las afueras de la ciudad, le pregunté al guía la distancia que había y nos contestó que unos 5 km, mi segunda pregunta fue si había taxis para luego salir un rato y tomar alguna cerveza, nos dijo que si queríamos salir ellos nos llevaban, le comenté que no hacía falta que su jornada había terminado y que nosotros cogeríamos un taxi, entonces nos contestó, “vosotros sois nuestra responsabilidad durante el viaje, nosotros os llevamos donde queráis”, viendo que no daban su brazo a torcer les dije en broma “vaya, tenemos guardaespaldas”.

Llegamos al hotel “Kichu Resort”. Lo constituía casas de forma circular repartidas en medio de un hermoso jardín, tenía un pequeño lago, puente, sala de masajes, sala de baños (con una especie de bañeras que se calientan con piedras), restaurante y nada más. Así que estábamos retirados en medio de un jardín. Cenamos como era de esperar en el restaurante del hotel, el primer contacto con la comida fue bueno, hay que cuidarse con el picante, pero las sopas son excelentes, hacía frio y te entonaban. Carmen y yo buscamos un lugar escondido para fumar después de la cena, porque no sabíamos cómo funcionaba el tema del tabaco allí.

A la mañana siguiente sin desayunar nos recogieron a las cinco de la mañana para subir al Taktsang Monastery, conocido como el Nido del Tigre. Estaba nublado y hacía frio pero cuando llegamos al parking y divisamos donde estaba el monasterio me pareció que estaba en el fin del mundo. Comenzamos a subir con el estomago vacio, creía que me iba a morir, pues para mis amigos como para mí el desayuno es la comida más importante,  la suerte es que llevaba nueces y agua. Cuando llevábamos una hora caminando paramos en un restaurante a desayunar, “juro que aquel arroz nos supo a gloria”, carne y picante por la mañana no me entraba, también nos pusieron unas verduras y té. Desde el mirador del restaurante teníamos una vista magnifica del famoso monasterio, pero0518 estaba muy lejos. Así que continuamos nuestra caminata, que en total son unas 3 horas y bastante duras. Pero nunca  olvidaré el color que tenían los bosques, entre amarillo, rosa, verde, era como en un cuento y sobre todo cuando caminábamos entre las nubes, la imaginación volaba y pensaba que solo faltaba el unicornio. La ciudad de Paro está a unos 2235m de altitud y teníamos que ascender 900 metros, no sufro del mal de alturas pero ese día las piernas no me funcionaban como debían, creía que no llegaba, maldije el tabaco y algo más pero cada vez que nos acercábamos más y lo veíamos me daba fuerza para seguir. Nos cayeron unas gotas y pensaba que eso era ya lo que nos faltaba, pero al final las nubes no descargaron. Me daba vergüenza que personas mucho más mayores me adelantasen, ¿pero que le iba a hacer?, seguir y seguir. Después del sacrificio al verlo delante de mí no daba crédito lo que estaba viendo, un monasterio construido en lo alto de una roca y mirando a un precipicio. Era magia y la nubes lo hacía todo más místico.

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