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Pakse y regreso a Vientián

Teníamos unas cuantas horas libres antes de coger el avión hacía Vientián. Quedamos con Thippakone en el Café Sinouk, nos encontramos allí a Bounthanh que estaba con un nuevo grupo para hacer el recorrido en el Vat Phou. Nos daba pena no poder volver al barco, pero todo llega a su fin y nos despedimos.

Thippakone tenía el día libre y nos enseñó algunos lugares desconocidos pero interesantes que los tour operadores no los incluyen y tampoco aparecía en mi guía.

Bane Chomphet, pueblo de escultores
Bane Chomphet, pueblo de escultores

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos llevó al norte de la provincia de Champasak, a unos 8 km de Pakse al pueblo de escultores de piedra de Budas, llamado Bane Chomphet. Hombres trabajan a  cincel y martillo.

Seguidamente fuimos al templo de Wat Chomphet donde unos guardianes dorados de piedra vigilaban la entrada. Una vez que accedes al recinto hay un patio grande y al fondo una enorme estatua de 15 metros de altura de Buda sentado, a su vez rodeado de más estatuas de Budas sentados de menor tamaño. Un templo donde el budismo se mezcla con el animismo y la superstición. Accedimos al templo e hicimos las reverencias a Buda, a continuación tomamos las varillas que pronostican tu futuro, menos mal que estaba Thippakone para traducirlo.

Thippakone en Wat Chomphet
Thippakone en Wat Chomphet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A continuación nos llevó al Wat Phusalao, una colina con un gran Buda de oro, donde hay un mirador con unas vistas increíbles de la ciudad de Pakse y el río Mekong. Se hizo dura la subida por la cantidad de escalones que tiene aunque se puede tomar un camino situado a la derecha. La escalinata estaba decorada en varios tramos por nagas y Budas.

Como disponíamos todavía de tiempo Thippakone nos llevó para presentarnos a sus padres. ¡Aquello sí que fue una sorpresa!. Fuimos a una escuela donde su madre trabajaba, tenía de puesto de comida y bebidas dentro del recinto. Jamás olvidaré cuando la señora me tocó el brazo dándome su mano, fue una sensación extraña, sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo, pero a su vez una paz interna tremenda. El estar sentada a su lado me producía tranquilidad, sosiego, su mirada era tierna, aquella mujer tenía algo especial. Su padre y una hermana  también estaban allí, eran encantadores, pero su madre era la dulzura personificada.

El último recorrido fue ya hacia el aeropuerto, nos despedimos de mi amigo con un gran nudo en la garganta y una tremenda pena de tener que regresar.

En el Wat Chomphet
En el Wat Chomphet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando llegamos a Vientián cogimos un taxi desde el aeropuerto, cosa que está muy bien organizada. Pagas en un mostrador una cantidad según trayecto, los precios son muy asequibles, evitas tener que regatear y ser engañado. Te dan un papel para que sepas el taxi que te hará el recorrido, al taxista no tienes que pagarle nada, solo si quieres darle una propina. Volvimos al Hotel Lao Plaza que esos días estaba completo hasta la bandera, había una convención de Unicef y la mayoría se hospedaban allí. Tristemente tengo que decir que los mejores coches que vi en todo el país eran los que tenía esta organización.

Por la noche habíamos quedado con Thong-ing, quería llevarnos a la feria, Vientián estaba de fiestas.

Fuimos al recinto ferial, tuvimos que pasar unos controles, la policía  registraba las mochilas y bolsos. Nos dimos una vuelta, era columpios y una infinidad de puestos de ventas tanto de juguetes, ropa, zapatos etc, nada especial. Quisimos comer algo y fuimos a los bares que se habían improvisado allí. Nos sentamos para pedir algo, cuanto más tiempo pasaba para ser atendidas menos hambre teníamos. Nos dieron la carta, se nos quedaban los dedos pegados, así que solo pedimos arroz y fideos fritos. Los fideos era una masa uniforme (recalentados por lo menos 20 veces), incomible todo aquello. Así que nos bebimos la cerveza y nos fuimos.

En el Wat Phusalao
En el Wat Phusalao

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por la mañana temprano hicimos las maletas, desayunamos y nos fuimos a dar la última vuelta por la ciudad. Estábamos un poco silenciosas, las palabras sobraban, ninguna de las dos queríamos regresar, nuestras experiencias habían sido maravillosas. Soñábamos con los ojos abiertos deseando poder quedarnos en Laos.

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