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El nido del Tigre, “Taktshang Goemba”

Este capítulo se lo dedico al monasterio más bello de Bhutan, “Taktshang Goemba”, conocido como el Nido del Tigre. Era la segunda vez que lo visitaba, sabía lo duro que era la subida, parece inaccesible. Esta vez lo visité al final de mi viaje, lo que me ayudó bastante a no sentirme tan agotada como la primera vez, me había aclimatado a la altitud. La ciudad de Paro está a 2.280 m sobre el nivel del mar y hay que subir unos 900 metros. Desde que te dejan en el parking y miras donde está emplazado el monasterio, tienes la sensación de que no llegarás hasta dentro de unos días.

El Nido del Tigre
El Nido del Tigre

El día amaneció nublado, esta vez deseaba admirarlo con sol, pero no me importaba, la magia no la pierde. De vez en cuando el cielo se abría de un azul intenso y los rayos de sol jugaban con las nubes. Caminaba lentamente y algunas veces giraba la cabeza para contemplar el Valle de Paro. Mi objetivo estaba lejos, unas dos horas y media. Me acompañó Dorji, Dawa se quedó en el coche. Hablábamos poco, no queríamos perder fuerzas. La subida hasta cierto punto se puede hacer a caballo pero pienso que no te permite parar en cualquier rincón y hacer fotos.

Aparecieron por el camino un montón de monjes, unos detrás de otros, increíble con la rapidez que subían, algunos en chanclas, imposible seguirles el paso. Corrían para llegar a tiempo a sus rezos. Después de caminar más de una hora, estábamos sentados en la cafetería mirador View Point tomando un té, descansando y haciendo fotos. Nos quedaba otro tramo igual, así que seguimos ascendiendo. Si hay una cosa maravillosa en ese país, es la vegetación y sus bosques, esta vez todo era verde, la primera vez que lo visité fue en el mes de noviembre y el capricho de la naturaleza hizo que entre el color rosa, rojo, amarillo pareciera un cuento de hadas, eso no quiere decir que ahora no me gustase, era diferente.

Monjes subiendo al templo
Monjes subiendo al templo

Nos aproximábamos, me emocionaba llegar a esa curva donde hay un pequeño mirador y te encuentras con él de frente, desafiando el acantilado. El murmuro de las banderas de oración se intensificaba con el viento. El tramo final es bajar unos escalones por una senda pegada al acantilado con su correspondiente baranda quitamiedos. La leyenda dice que Guru Rinpoche llegó volando sobre los lomos de una tigresa (una manifestación de su consorte Yeshe Tsogyal) para someter a un demonio local, entonces él meditó aquí en una cueva durante tres meses, lugar que ha sido reconocido como sagrado. Se dice que Milarepa meditó aquí también. Zhabdrung Ngawang Namgyal lo visitó en 1646. El gobernador de Paro, Gyalse Tenzin Rabgye construyó el primer templo en 1692 alrededor de la cueva donde Guru Rinpoche meditó.

Bosque subiendo al templo
Bosque subiendo al templo

Tanto cámaras, bolsos y móviles hay que depositarlos en unas taquillas, está totalmente prohibido hacer fotos en el interior. ¡Cómo no! Me dirijo al Pelphu Lhakhang, cueva donde meditó Guru Rinpoche, sellada detrás de una espectacular puerta dorada,  parece estar todo lleno de misticismo. Fuera de la cueva hay una estatua de Dorje Drolo, la manifestación que Guru asumió para volar al Taktshang sobre una tigresa. Dentro del complejo hay varios templos como el Guru Sungjem Lhakhang, Guru Tsengye Lhakhang, etc.

De nuevo dentro de un templos del complejo volví a lanzar los dados, me volvió a salir el número nueve como en Jampey Lhakhang en Bumthang, el monje que estaba allí con nosotros me dijo que era un número muy bueno que tendría suerte, pero si hubiese sacado el 10 hubiese sido el máximo ya que es el número de ese templo.

En 19 de abril de 1998 sufrió un incendio destruyendo la estructura principal del templo y todo su contenido. La reconstrucción comenzó en el año 2000 llegando a costar 130 millones de ngultrum (aprox. 2.000.000 euros).

Taktshang Goemba
Taktshang Goemba

El esfuerzo hecho tuvo su recompensa, es de esos lugares que hay que visitarlo una vez en la vida. Pero si el ascenso fue duro, el descenso no se queda atrás. Me daba vergüenza ver como personas mayores cargaban la leña a sus espaldas y bajaban con esa facilidad. Cuando llegamos otra vez a la  cafetería View Point para la hora del almuerzo las rodillas me temblaban un poco.

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