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Munduk, aldea entre lagos volcánicos

Munduk

Munduk con aroma a clavo

Munduk es una aldea que se asienta en un risco elevado, cerca de los lagos volcánicos de Tambligan, Buyan y Bratan y rodeada de plantaciones de café y clavo. Es un lugar magnífico para descansar, no tiene nada ver con las zonas de ambiente que hay en el sur de la isla.

 

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Munduk Sari Garden Villa

Si el atardecer desde mi habitación del Hotel Munduk Sari Garden Villa era un regalo que se me ofreció por el largo día de viaje, el amanecer fue increíble. Tenía ante mis ojos montañas de una vegetación exuberante y a lo lejos se divisaba el  mar. Con las pilas puestas nos fuimos a desayunar, al acabar el dueño del hotel se sentó junto a nosotros para ver lo que queríamos ver y hacer.

La primera cosa que hicimos fue una excursión de unas 3,30 a 4 horas, comenzando desde el hotel para visitar unas cascadas.

Enseguida nos consiguió un guía, se llamaba Dek Wi, nos llevó por caminos estrechos de la montaña, visitamos una familia que se dedicaba a la plantación del clavo, el olor que emanaba del lugar era delicioso. Las plantaciones de clavo han remplazado más del 40% de las terrazas de arroz. Durante el camino nos estuvo explicando muchas cosas de las plantaciones y sobre las plantas.

Munduk
Cascada Melanting

Llegamos a la primera cascada Red Koral Cascada, era asombroso el ruido que hacía la caída del agua, el aire que se respiraba y el canto de las aves. Desde allí seguimos caminando, paramos en un bar, que ofrecían comidas e hicimos un segundo desayuno, el desgaste había hecho mella en nuestros estómagos.

Después continuamos, tuvimos que descender unos quientos escalones de bambú y bastante empinados, al llegar nuestras rodillas estaban resentidas, ademas seguía teniendo el pié hinchado y me dolía un poco, esa mañana me lo vendé para poder caminar bien. La segunda cascada que visitamos fue Melanting Waterfall, con un salto de agua de unos 20 m de altura, nos quedamos un tiempo descansando y viendo la belleza de la naturaleza.

Munduk
Libélula

Si la bajada fue un poco dura, prefiero no hablar de la subida, eso sí, me lo tomé con calma, para observar los grandes pascueros, vainas de semillas de cacao y sobre todo como los hombres subían a los árboles de clavo para su recolecta, caminos serpenteantes y pequeños templos lo hacía más llevadero.

El guía nos llevó hasta el pueblo y nos despedimos de él. Ahora buscábamos un restaurante para comer, pero a los pocos minutos el guía volvió con su moto y nos llevó a los tres, uno por uno devuelta al hotel, pues nos estaban esperando para ir al Lago Tamblingan, una excursión que nos ofreció el hotel gratuitamente. Habíamos quedado a las 14 horas y era las dos menos veinte, llegamos pidiendo disculpas y por favor que nos dejasen comer algo muy rápido porque si no, no podríamos aguantar.

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Hombre cogiendo clavo

Nos estaba esperándonos un hombre joven que se estaba recogiendo su pelo largo, le dije que lo tenía tan largo como yo, se rió y nos dijo que él era el que nos llevaría al lago.

Comimos como los pollos, nos faltó tragarnos la comida, pero los tres somos muy puntuales.

El Lago Tamblingan estaba bastante cerca. LLegamos al aparcamiento donde tuvimos que pagar 15.000 rupias por persona para pasear y acceder al lago. Haces una pequeña caminata y llegas a la orilla del del lago, cerca de la orilla a mano derecha hay un templo en estado de abandono y otro a la izquierda que es una ruina, pero el lugar tiene algo especial. Creo que era los pocos turistas que había allí, solo estábamos nosotros y una pareja de novios balineses que estaban haciéndose las fotos. El que se ofreció a llevarnos al lago se llamaba Agus Jemi Saputra, era el hijo del dueño del hotel.

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Paisaje desde el hotel

Quisimos montar en barca y darnos una vuelta. Jemi nos consiguió un señor de allí (hay un pequeño pueblo cerca) que nos dio un paseo por el interior del lago por 140.000 rupias (unos 9 euros).

Cuando regresamos fuimos a visitar el templo que estaba en peor estado, fue entonces cuando Jemi me preguntó si tenía la menstruación. No sé qué cara tuve que poner, pero inmediatamente me dijo que si la tenía no podía o debía entrar en el templo. Era la primera vez que en un país asiático me lo preguntaban, también me dijo que hiciese el favor de preguntárselo a Carmen, y así lo hice, la contestación de ella fue que había sido la mejor pregunta que le habían hecho en muchos años.

Anduvimos por los alrededores de los templos, pero luego me fui al pequeño poblado que hay justo al lado. Muchachos jóvenes estaban lavando sus motos, las mujeres sacando agua del pozo, los niños corriendo, era lo que a mí me gusta, adentrarme en sus costumbres.

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Hotel Munduk Sari Garden Villa

Regresamos al hotel. Solicitamos darnos unos masajes, uno de los servicios que ofrecía el hotel, las masajistas vinieron del pueblo. Fue fabuloso después de un día largo de caminatas y excursiones. Me dijeron que tenía la espalda bastante mal, que necesitaba relajarme. Eso lo sé yo desde hace muchísimo tiempo.

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