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Llegada a Luang Prabang

A las siete de la mañana ya estábamos preparadas para irnos al mercado, Thong-ing nos estaba esperando. Es una de las cosas que más me gusta y disfruto cuando visito un país, es su esencia. Niños, jóvenes, ancianos todos se afanan en sus quehaceres y es una mezcla de colores y olores que me hacen vibrar. Cuando veo la carne amontonada, los pescados en palanganas de plástico, pienso, “en mi país sanidad jamás lo permitiría”, pero allí es una forma de vida.

Herminia con Thong-ing
Herminia con Thong-ing

Paseamos un buen rato, admirábamos las mujeres haciendo ofrendas florales para los templos en medio de un caótico tráfico sin inmutarse, padres llevando a 3 y 4 chiquillos en moto al colegio, a pesar de todo aquel caos, nadie perdía los nervios.

Regresamos al hotel, teníamos que hacer las maletas para irnos al aeropuerto, volábamos a Luang Prabang. El hotel nos hizo el servicio del transfer.

El aeropuerto de Vientián es una sala pequeña con sillas de plástico y a pesar de todo tiene sala de fumadores, que es un cubículo tan pequeño que cuando te sientas no puedes cruzar las piernas porque chocan con la ventana.

El vuelo con las líneas aéreas Lao Airlines hasta Luang Prabang duró unos 45 minutos y allí nos estaba esperando Khamphone con su sonrisa. Le di un gran abrazo, durante un año habíamos mantenido contacto y gracias a él pudimos tener la aventura en las montañas. Nos esperaba con un chofer e inmediatamente nos llevó al The Chang Heritage Hotel, un hotel de 4 estrellas con vistas al río Nam Khan y bastante céntrico. Una vez dejadas las maletas nos fuimos a almorzar en uno de los muchos restaurantes que hay por la orilla del río. Lo primero que le pedí, fue que si no le importaba queríamos conocer su abuela, una anciana de 105 años, (eso decía el que tenía) de la etnia Hmong. Antes de hacerle la visita tanto Herminia como yo le compramos un chaquetón y calcetines, la ropa la eligió el guía, luego nos dimos cuenta que el chaquetón no iba a ser para la anciana.

Luang Prabang fue declarada Patrimonio Mundial por la Unesco en 1995. Es una ciudad que desde el primer momento te cautiva, con sus más de 50 templos de color dorado y granate, en la confluencia del río Mekong y el Nam Khan, es una combinación de la arquitectura budista y el colonialismo francés. Es el principal centro religioso y espiritual del país.

Puesto de pajaritos y ratas fritas
Puesto de pajaritos y ratas fritas

Nos dirigíamos al coche, nos llamó la atención un señor que tenía una mesa pequeña a modo de puesto ambulante donde vendía pajaritos y ratas fritas.

Khamphone nos comenta que ahora se estaban haciendo la casa en las afueras de la ciudad, el gobierno les había expropiado su casa y terreno para la ampliación del aeropuerto, lo único que habían recibido del estado era el terreno, la construcción de la vivienda era ya cosa de ellos. Cuando llegamos vimos que vivían en dos tiendas de campañas y justo al lado habían comenzado con la cimentación de la casa, trabajos en los que participaban toda la familia, hasta los hermanos pequeños. La abuela de Khamphone estaba sentada en la cama cuando llegamos. Era delgadita, estaba casi ciega y creo que en su vida esa mujer calzó algún tipo de zapato, tenía los pies bastante deformados. Cuando se levantó para saludarnos tanto Herminia como yo le dimos un abrazo y un beso, cosa a la que no están acostumbrados y no suelen hacer, pero no lo pudimos remediar, aquella señora se merecía eso y mucho más. Una de las hermanas pequeñas de Khamphone después del colegio se ponía en la carretera a vender papayas, era una pequeña fuente de ingresos, pero ese día que no vendido nada. Así que sin pensarlo dos veces le compramos fruta y nos la comimos con la familia. Jamás olvidaré aquel encuentro y me dio mucha pena cuando dos meses después me dijo el guía que su abuela había fallecido.

Hermanos de Khampone trabajando en la const. de la casa
Hermanos de Khampone trabajando en la const. de la casa

Regresamos a Luang Prabang para cenar y darnos un paseo por el mercado nocturno de artesanías que cada noche se monta desde el Royal Palace Museum hasta Th Kitsarat y tiene un ambiente muy relajado. Durante la cena estuvimos ultimando con Khamphone todo lo que íbamos a necesitar y hora de salida hacia las montañas. Nos esperaba la aventura.

 

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