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Laos, noche de chamanes y sacrificios

Por fin llegamos al poblado de Ban Chom Cheng, estaba atardeciendo, el paisaje era espectacular, solo jungla alrededor nuestro. Nos llevaron a la casa donde pasaríamos la noche, era una casa hecha de ratán, bambú y madera, el suelo era de tierra, tenía solo dos habitaciones, la primera, por donde entramos hacía de comedor, salón y cocina, la segunda era el dormitorio con tres camastros. Entramos y nos sentamos en unas banquetas muy bajas cerca de fuego junto al padre de Khampone, parecía que estábamos sentadas en el suelo. De pronto este hombre expectorar y delante nuestra escupió (cosa muy normal en Asia) en el suelo de la casa. Ya sabíamos que no íbamos a caminar descalzas. No llevo muy bien el tema de escupir y  se me levantó el estomago. Le preguntamos a Khamphone cual era nuestro dormitorio y nos señaló la habitación contigua, cosa que teníamos más o menos claro, la pregunta se la hicimos porque comenzaron a llegar gente y más gente a la casa, eran los dueños con sus hijos, claro está que le preguntamos donde dormirían ellos y la contestación fue que en la misma habitación. Así que éramos de 12 a 15 personas en la misma habitación. Herminia y yo nos tronchábamos de la risa, nos lo estábamos tomando todo bastante bien.

Casa en Ban Chom Cheng, donde dormimos
Casa en Ban Chom Cheng, donde dormimos

Tengo que explicar que en Laos hay pueblos de la etnia Hmong que acogen a turistas y están un poco preparados y acostumbrados a ver extranjeros. El pueblo de Ban Chom Cheng, nosotras fuimos las primeras extranjeras que lo visitaron y se quedaron a dormir, jamás nadie lo había hecho. Éramos la atracción y además tuvimos la suerte de ser invitadas a un ritual de chamanes porque un señor se había comprado un coche y tenía que ofrecerles sacrificio a sus dioses, ellos son animistas.

Nos llevaron a la casa del dueño del coche que se componía de dos habitaciones al igual que en la que nosotras nos alojábamos, pasamos al dormitorio, tenía tres camastros y un montón de sacos, seguramente su provisión de arroz, la única luz que había era la del fuego, entre niños y personas mayores podíamos ser unas 16 personas entre ellos el padre del guía, el señor de la casa donde nos alojábamos y una señora anciana con los dedos de las manos deformados seguramente del duro trabajo o artrosis, nos dijeron que eran los chamanes. Habían matado un gallo o pollo y tenían un cerdito preparado para el sacrificio, mientras tanto la señora mayor entonaba una canción para llamar a los espíritus. De vez en cuando se levantaba y se aproximaba a la puerta entonando en canto tocando una especie de plato grande de hierro con un palo, se volvía hacia el fuego y lanzaba unos cuernos de buey al suelo. Le pregunté a Khamphone para que era todo eso, me dijo que el canto era para llamar a los espíritus y que lanzaba los cuernos de buey al suelo para saber si ya habían llegado o no, cuando al tirarlos al suelo los cuernos quedaban cruzados entre sí, significaba que los espíritus ya estaban allí. Yo le comenté a Herminia que si no había visto nunca matar a un cerdito era mejor que se fuera en ese momento, pero toda valiente dijo que no se perdía nada. Mientras tanto una hija del dueño de la casa se acaba de duchar en la fuente del poblado, venía con su pareo puesto y el pelo mojado, se vistió con tanta habilidad con el pareo puesto delante de todos que no se le vio nada, yo le dije a mi amiga que si nosotras hubiésemos tenido que hacerlo se nos hubiese visto hasta las anginas.

Recogiendo los cuernos de buey, señal de que los espíritus habían entrado
Recogiendo los cuernos de buey, señal de que los espíritus habían entrado

De pronto la señora volvió a cantar al igual que los otros chamanes, volvió a levantarse, dirigirse a la puerta y tocar aquel extraño instrumento, repitió el lanzamiento de los cuernos de buey y esta vez se entrecruzaron, “los espíritus habían entrado”. Seguidamente procedieron a matar el cerdito, pero lo que nos extrañaba era que el gallo o pollo que habían matado y pelado estaba en una especie de zafa y era pollo para adentro y pollo para afuera y pollo para adentro y pollo para afuera, no sabíamos porque le daban tantos paseos al pollo muerto. Al final el pollo metido en la zafa acabó en el salpicadero del coche, el dueño sentado al volante y su señora en el asiento de al lado, nos dieron unas cintas blancas de algodón para que se la pusiéramos en la muñeca en forma de pulsera haciendo un nudo y al mismo tiempo deseándole suerte para que no tuviese ningún tipo de percance con su vehículo. Así que tanto Herminia como yo acabamos deseándoles todo tipo de buena suerte en español a los propietarios del coche y el pollo allí tieso metido en la zafa en el salpicadero del coche.

Cuando todo aquello terminó nos quedamos fuera contestando algunas preguntas que la gente nos hacían, pero lo maravilloso de aquel lugar era el cielo lleno de estrellas, hacía años que no había visto la vía láctea.

Khamphone nos dijo que era hora de cenar, así que nos fuimos acompañados de Sivon y Sajon, nuestros porteadores. Los cinco nos sentamos en esos mini taburetes alrededor de una mesa, nos pusieron arroz blanco, pollo y cerdo, seguramente de los que sacrificaron. Nos dieron  un trozo de pollo, cuando fuimos a comerlo nos dimos cuenta de que solo estaba hervido en agua, sin ningún tipo de condimento ni sal, Herminia disimuladamente se lo dio a un perro que tenía a su lado, yo quise hacer lo mismo pero el chucho no se movió de su lado, así que me lo tuve que comer. Lo peor fue cuando nos ofrecieron el cerdo, sabíamos que estaba solo hervido en agua, Herminia lo rechazó con amabilidad, yo no pude hacerlo, para ellos aquello era un manjar y no podíamos hacerles el feo, me tocó un trozo de manita de cerdo, pensé que como era gelatinosa pasaría rápido hacia mi estómago, pero de vez en cuando tenía que quitar algunos pelos, me volvieron a ofrecer y les dije que no solía cenar mucho que comería arroz. Yo no había visto el plato de carne de cerdo, el bol de arroz impedía verlo, en ese momento Herminia me dijo que le hiciese una foto al plato, le pregunté que qué había visto, su contestación fue “tu haz la foto”, así lo hice, pero en el plato de carne de cerdo hervida estaba media dentadura del cerdo. ¡Cómo no! Nos dio por reír.

Uno de nuestros platos para cenar, carne de cerdo hervida con agua
Uno de nuestros platos para cenar, carne de cerdo hervida con agua

Lo siguiente fue, teníamos que ir al servicio (campo), pero tuvimos que preguntar dónde, no había luz y no sabíamos por donde caminar. Cuando nos lo indicaron nos marchamos con nuestras linternas para no dejarnos los dientes en el camino y yo que soy precavida llevaba un paquete de nueces para tomar en caso de emergencia. Pues allí estábamos las dos escondidas muertas y risa y comiendo algunas nueces. De la risa a Herminia se les calló alguna que otra al suelo y le dije que gastase mucho cuidado en tirar alguna más, que era nuestra subsistencia, que no sabíamos de aquí en adelante que íbamos a comer.

Tocó la hora de dormir, toda la familia se acostó en dos camastros, Khamphone, Herminia y yo dormimos en uno. No sabíamos cómo colocarnos, aquello estaba duro y nos dolía todo los huesos, respirábamos todo el polvo que tenía la manta y de vez en cuando sentíamos a la señora mayor escupir. Cuando no puedes o debes reír, es cuando más ganas te da, viendo que no había forma de conciliar el sueño porque no podíamos dejar de reír, además lo hacíamos tan bajo para que no nos oyesen que nos dolían las costillas, así que tomamos la decisión de tomar una pastilla para dormir.

Poblado de Ban Chom Cheng
Poblado de Ban Chom Cheng
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