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Hacia el Valle de Phobjikha

1429Otro madrugón y más carretera. Hoy 13 de noviembre de 2011 nos esperaba un día largo de carretera, volvíamos a Punakha y como mínimo sería de 5 a 6 horas de coche.

El día estaba gris y las nubes las tenía delante de mi habitación, había mucha humedad y la sensación de frio era mayor. No parábamos de reír y hacer bromas. Paramos varias veces por el camino para hacer fotos y fumar. Nos dirigíamos al Valle de Phobjikha a unos 3000 metros de altitud. Era una maravilla, por el camino ibas contemplando rebaños de yaks y la vegetación era exuberante. A ratos llovía, a ratos la niebla era impenetrable, desde luego que conducir era difícil. El centro de este valle pantanoso es mejor evitarlo a pié pero es famoso porque las grullas de cuello negro (Grus Nicorocolis) emigran de Qinghai-Tibet a Bhután. Los butaneses tienen un gran respeto a estos pájaros celestiales y hay muchas canciones populares sobre ellos. Estuvimos en el centro de avistamiento de dichas aves y el 12 de Noviembre se celebra el Festival de las Grullas de Cuello Negro.

Paramos para ver el templo de Gangtey Gompa del siglo XVII establecido por Gyalse Rinpoche, nieto del gran butanés “revelador de los tesoros” Terchen Pema Lingpa, uno de los principales asientos de la tradición religiosa y escuela budista.

Seguimos nuestro trayecto y parada para comer en un lugar con unas vistas impresionantes, no me acuerdo del nombre. Las montañas, las casas aisladas en la ladera de la montaña y el sol que intentaba salir a duras penas entre las espesas nubes. No me cansaba de mirarlo, pero teníamos que seguir.

De camino vimos un pequeño mercado y le pedí al chofer que por favor nos dejara hacer fotos, no habíamos coincidido en todo nuestro viaje con los mercados de alimentos que me encantan ver. Era de verduras pero lo que predominaba era los pimientos picantes. Hice fotos a las fachadas de las casas porque hasta ahora no he hecho referencia a que muchas tienen pintado un pene en su pared,  todo para traer suerte, prosperidad y fertilidad en la casa.  La siguiente parada fue un pueblo y estuvimos viendo una competición de dardos, que me asombró el tamaño de los dardos y la vista que esa gente tiene, pues los lanzaban a más de 15 metros de distancia y al igual que en el tiro al arco hacen sus bailes y rituales cuando ganan.

Llegamos al hotel Damchen Resort. La habitación que me dieron era grandísima con vistas al río. Tanto el hotel como su restaurante se pueden recomendar con toda tranquilidad. Dejamos las maletas y nos fuimos con Dawa (porque el guía no sé donde estaba) a dar una vuelta antes de la cena por la 1394ciudad de Punakha. Llovía y tampoco había muchos lugares donde ir. Así que nos fuimos a tomar una cerveza en una tienda que vendía tanto sus trajes regionales, telas y además tenía unas cuantas sillas de plástico y una mesa para atender a la gente que quisiese tomar una cerveza o algo para picotear. ¡Me parecía todo tan irreal! Pero disfrutaba con ello.

La cena la acompañamos con una cerveza para no perder la costumbre y como nos habíamos tomado otra en aquel lugar tan maravilloso nos retiramos pronto a nuestras habitaciones un poco achispados.

Yo contaba los pocos días que nos quedaba por estar allí y la tristeza se iba apoderando de mí, pues si soy sincera no hubiese vuelto a mí país.

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