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Festivales en Chumey Dzong

Chumey

Chumey Dzong, la belleza de la danza

De Bumthang a Trongsa se encuentra el Chumey Dzong, una buena oportunidad para ver sus festivales de máscaras que no decepcionarán en absoluto.

Terminada nuestra visita a Bumthang y a sus festivales comenzamos con nuestro viaje de regreso a Trongsa. En cierto modo me daba bastante tristeza, eso significaba que ya iba quedando menos. Hasta el día de hoy se había creado un ambiente de camaradería maravilloso, se que echaría de menos las bromas y las risas.

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Mujeres apostando

Paramos en el Chumey Dzong. En su patio se estaba celebrando también los festivales de máscaras.

Primeramente vimos como una procesión, porteaban un pequeño buda. Primeramente nos dimos un paseo por los puestos que había cerca del monasterio. Habían puesto mesas bajas de juego, sobre todo de  dados y tengo que decir que les gustan los juegos de azar, tanto mujeres como hombres apostaban con alegría, también tiraban a los dardos y a las flechas. Los niños te los encontrabas alrededor de los kioscos de chucherías y cuando alguien les compraba algo lo primero que hacían era repartirlos con sus amigos.

Regresamos al patio para ver las danzas. Teníamos la esperanza de que no lloviese, el día había amanecido bastante gris.

Primeramente salieron las mujeres cantando y haciendo su danza, esto era muy parecido a lo que habíamos visto en Bumthang, posteriormente salieron los hombres. Los trajes eran más llamativos y las danzas un poco diferentes. Para ser sincera, tengo que decir que llegaron a gustarme más que las danzas de Bumthang, tanto mis amigos como yo disfrutamos verdaderamente del espectáculo.

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Festivales en Chumey Dzong

Otro factor importante para mí fue, que al no ser tan famosos como los otros había muchísimos menos turistas, podías moverte mejor para hacer las fotos, pero lo más extraordinario era la gente local. Las caras de las personas mayores, sus ropas, los instrumentos musicales, los niños, ect, era un conjunto de personas, cosas y sensaciones que verdaderamente hicieron que un par de horas fuesen como cinco minutos. Realmente nos fuimos muy contentos de haber podido ver dichas danzas.

Seguimos camino a Trongsa, la niebla era bastante espesa, a veces no se veía ni a un metro de distancia, otras veces se despejaba un poco y las nubes cabalgaban por lo alto de las colinas entre los árboles como fantasmas perdidos. Era magia.

Llegamos al mismo hotel Phuenzhi Guest House, el dictador seguía allí impartiendo órdenes, la verdad que la estampa de aquel señor no hacía juego con el país ni con su población.

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En Chumey Dzong, viendo las danzas

Almorzamos en el hotel y luego visitamos la Torre de Trongsa que es un museo. Dawa tuvo la magnífica idea de ir paseando colina abajo por un atajo desde el hotel, decía que era solo diez minutos y un camino fácil. Me faltó matarlo, primero me tenía que haber puesto mis zapatillas de deporte, segundo que a veces cogimos senderos equivocados y tercero que era muy difícil caminar ya que era una bajada muy pronunciada y había llovido. Cuando llegué al museo pensaba que me moría porque otra cosa a tener en cuenta es la altitud.  Me negué a hacer el mismo trayecto de vuelta al hotel, dije que aunque fuese más largo el camino me iba por la carretera. Dawa fue por el coche mientras visitábamos el museo.

En el museo primeramente hay una presentación de vídeo. Está dedicado al arte budista y la historia de la monarquía. El museo tiene varias plantas. Se dice que dos soldados británicos estuvieron durante meses en sus calabozos durante la guerra de Duar (1864-1865). Bhután invadió el reino de Cooch Behar (al sur). Los Cooch Behari apelaron a la compañía de la Indias Orientales Británicas que atacaron a Buthán en 1774. Se firmó un tratado de paz en el que Bhután se retiraría de las fronteras antes de  1730. Los conflictos fronterizos con los británicos continuaron durante un siglo.

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Tower of Trongsa Museum

Desde la última planta hay una estupenda panorámica sobre la ciudad, el Dzong y las montañas. Está prohibido hacer fotos en su interior.

Nos fuimos al hotel a descansar un poco antes de la cena; no sabía si era mejor estar en la calle o en la habitación, porque hacia un frío horroroso, el radiador eléctrico  que teníamos no daba para la habitación tan grande y lo peor es que cada dos por tres había cortes de luz. Me senté en el sofá con toda la ropa que me podía poner y helada deseaba que llegase la hora de la cena para tomarme una sopa bien caliente.

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