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Festival de máscaras de Bumthang

Bumthang, festival

 

Bumthang se viste de gala para sus festivales

Los festivales de Jampey Lhakhang Drup en Bumthang se celebran en el noveno mes del calendario lunar, puede celebrarse en el mes de octubre o de noviembre.

El que más o el que menos la noche anterior tuvo algún percance con la romántica estufa, Alberto nos contaba que el se quedó sin serrín y a las 4 o 5 de la madrugada salió a la calle y se lo quitó a otra habitación que lo había dejado delante de la puerta.

Había amanecido un día maravilloso, el sol brillaba en todo su esplendor. Nos preparamos para seguir viendo las danzas. Regresamos al patio del templo.

Bumthang, festuvak
Festival de máscaras

El primer, baile las chicas representan a la hija de Sindhu Raja bendiciendo el pueblo. El segundo baile de Singje Yab Yum (señor de la muerte y su consorte), hacen este baile para proteger los cuatro reinados sobre los que tienen poder. El tercer baile de Nyulema y Peling Ging Sum.  Nyulema es un espíritu maligno representado por una máscara de esqueleto, Ging con su madero (pene) toca o intenta coger a Nyulema y Durdag= el señor de la cremación, con una máscara de esqueleto blanca lleva una caja que representa el espíritu maligno, el Ging con sus espadas libera la mente del espíritu malo matando su cuerpo y baila al ritmo de los tambores para celebrar la victoria de la religión sobre el espíritu maligno. El baile del Jachung Gochun ( dos pájaros míticos): bailarines llevando máscaras que representan a los pájaros auspiciosos realizan el baile.  Aunque la mayoría de las historias y obras eran con originales textos budistas, ahora sirven a la multitud como comedia relajante. Su historia trata de un Atsara (payaso con una máscara roja) que está loco. El Atsara hiere a su hijo al que no reconoció, intenta salvar la vida de su hijo haciéndose pasar por un médium e intenta hacer una ceremonia curativa religiosa. Al no conseguirlo tiene que llamar a un médico y a un monje para curar a su hijo.

Bumthang, festival
Danza de Sindhu Raja

Estas danzas son mundialmente conocidas y es difícil conseguir hoteles para esa fecha si no se reserva con bastante antelación. Estaba lleno de turistas, los lugareños intentaban estar en primera fila sentándose en el suelo.

La gente viste sus mejores trajes y aprovechan la ocasión para hacer un poco de comercio.

Después de ver las danzas nos fuimos a almorzar al hotel. Posteriormente continuamos con nuestra visita programada al Jakar Dzong.

Según cuenta la leyenda, cuando los lamas se reunieron en 1549 para elegir un lugar para la construcción de este dzong, un gran pájaro blanco apareció y se posó en la cima de una colina, esto fue interpretado como un buen presagio. Fue nombrado como el Castillo del pájaro blanco. Ngagi Wangchuck fundó el monasterio. Su actual estructura fue construida en 1667. Su nombre oficial es Yuelay Namgyal Dzong, en honor a la victoria sobre las tropas tibetanas gobernadas por Phuntsho Mamgyal. Es utilizado como centro administrativo del valle y en verano es residencia de los monjes de Trongsa. Terminada la visita dimos un paseo hasta llegar a la ciudad, Dawa tenía que llevarnos al hotel, a las 18 horas teníamos masajes. ¡Por fin, después de tantos intentos!

Bumthang, festival
Jakar Dzong

Llegó la hora del masaje. Fuimos a recepción para preguntar dónde estaba la sala de masajes y nos indicaron que estaban detrás de las cocinas. Hacía allí nos dirigimos y no lo encontrábamos, así que me metí en la cocina para preguntar. Amablemente nos indicaron el lugar. Era una cabaña de madera ubicada en lo alto de un monte. Delante de la cabaña estaban las toallas y sábanas tendidas de un blanco inmaculado. Mientras íbamos subiendo la ladera (tenía sensación de ser Heidi en ese país) vimos a un chico con su bata blanca con las manos metidas en los bolsillos. Le dije a Carmen que parecía ser que los masajes nos lo darían chicos, cosa que nos no importaba, pero era extraño porque en los países asiáticos suelen preguntar si quieres que sea hombre o mujer los que te den el masaje. La cabaña tenía una estufa en medio de las dos camillas y el masajista nos dijo que nos quitásemos la ropa (excepto las braguitas)  y nos tumbásemos cubriéndonos con una sabana mientras que ellos esperaban fuera. Le comento a Carmen que para colmo llevaba tangas y ella me dijo en broma que si no tenía otro tipo de ropa interior.

Bumthang, festival
Camión bastante decorado

Comenzaron a darnos los masajes por la espalda y mientras iba transcurriendo el tiempo empecé a notar el frío, mientras me masajeaba los brazos me temblaban las piernas y viceversa, cuando fue a darme el masaje en las piernas el pobre masajista no sabía dónde ni con qué sujetar la sabana para que no se me viese nada pues las braguitas no daban para mucho, se le notaba apurado. Luego nos indicaron que nos diésemos la vuelta, seguíamos cubiertas con la sabana, pero en ese momento veo a los dos masajistas quitando la única bombilla que había en la habitación, nos quedamos totalmente a oscuras. Fue cuestión de un minuto pero se me pasó de todo por la cabeza. Me vi corriendo colina abajo llevándome por delante las sabanas y toallas que estaban tendidas, me dije que qué narices hacia yo allí sin saber su idioma y en lo alto de una colina. Lo único que hicieron fue cambiar la bombilla para poner una luz más tenue y así no ver nada. Cuando tocó darme el masaje en la cabeza, que por cierto comenzó bastante bien pero al final me empezó a tirarme de los pelos que creí que tendría que comprarme un peluquín en Bhután. La calidad del masaje ¡genial!, a pesar de aquellas anécdotas. Tuvimos también suerte de llevar yo una linterna para poder regresar a nuestras habitaciones, no había ningún tipo de iluminación. Carmen y yo nos partíamos de la risa comentando lo que habíamos pensado cuando apagaron la luz.

Cenamos en el hotel ¡había tortilla de patatas! ¡no,  nos lo podíamos creer!, nos supo a gloría, porque llega un momento que de tanto picante durante tantos días era ya demasiado. Disfrutamos de nuestra cena con la Druk, cerveza de 660 ml.

Día completo, ya relajados nos fuimos a nuestras habitaciones a trabajar, es decir, encender la estufa para calentar la nevera que era nuestra habitación.

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