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Ella, Sri Lanka

Ella, Sri Lanka
Niño en el templo

Teníamos el día libre, dispusimos irnos andando desde el hotel 98 Acres al pueblo, una caminata de unos 2 km. Comenzamos el descenso por la carretera, hacía un sol de justicia pero no nos importaba, toda gente que nos íbamos encontrando nos sonreía y saludaba. La primera parada fue en un templo hinduista, niños y mujeres estaban allí reunidos comiendo y esperando que el brahmán les diese la bendición. Lo primero que hicieron fue ofrecernos comida, no fuimos capaces de probar nada, no era apetecible. Nos permitieron hacer fotos, pero el brahmán nos doy la dirección para que se la enviásemos, cosa que hice nada más llegar. Continuamos nuestro camino deteniéndonos ante cualquier cosa, tienda, etc.

El sol nos golpeaba, así que cuando vimos un restaurante nos detuvimos para tomar algo fresquito y comprar agua. Todas las mujeres que nos habían adelantado por la carretera, volvían con sus hijos que los habían recogido del colegio. Le dábamos bolígrafos y era sobrecogedor esos ojos grandes como deslumbraban de alegría. Comenzamos a aproximarnos al pueblo, lo primero que nos encontramos fue un mercado de frutas y verduras, muchas de las mujeres que estaban allí nos saludaban, nos habían visto en el templo y en la carretera. Todo estaba  colocado en el suelo sobre plásticos o fardos, los pesos eran romanas o balanzas, muchas de las vendedoras atendían a los clientes bajo sus paraguas para protegerse del sol. Les gustaba posar ante la cámara, eso sí, después había que enseñárselas. Me encantaba verlos reír.

Nos dimos un paseo por el pequeño pueblo, no había mucho que ver, solo una forma de vida diferente. Almorzamos en el Dreamcafé & Guest house, situado en la calle principal, restaurante donde muchos turistas hacían un alto. Tenían una cocina local e internacional.

Decidimos volver al hotel y cogimos un tuk-tuk, no por no andar, si no que queríamos llegar con tiempo antes de que las recolectoras de té terminasen su jornada laboral. Dejamos las mochilas en el hotel y un jardinero nos llevó donde las mujeres se encontraban trabajando. Cuando le hacíamos fotos, desde sus puestos de trabajo nos pedían dinero (money, money), y si tenían la posibilidad de acercarse venían a pedírtelo. Muchas veces el turismo hace daño, seguramente alguien les ofreció dinero por hacerles fotos y ahora a todo ser viviente que pasa se lo piden. Como no llevábamos nada encima, solo la cámara de fotos, cuando hablaban entre ellas me imaginaba que no estarían diciendo nada bueno, lo pensé por la expresión de sus caras. Había un capataz que las controlaba y no tenía pinta de buen amigo. Son las mujeres las que hacen ese trabajo, nunca verás a un hombre. Como mínimo debían coger unos 15 kilos de té a diario.

A las cuatro y media de la tarde dejaron de trabajar y nosotros nos dirigimos hacia el pequeño Pico Adam, pero tuvimos que volvernos, comenzó a anochecer. Pudimos contemplar los pájaros, mariposas, flores, pero nada como el paisaje en su conjunto. No me acordaba para nada de mi país, me hubiese quedado allí.

Durante la cena el camarero que nos atendió nos comentó que nos había visto por la mañana en el templo hinduista, el estaba allí, pero no nos acordábamos.

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