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El Taj Mahal

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Entrada del Taj Mahal

Hoy era el gran día, desde pequeña oyendo hablar de este monumento, viendo documentales, leyendo su historia, me invadía los nervios pero estaba expectante.

Rodeamos una muralla de arenisca roja y entramos por una puerta (sur) de 30 m de altura con inscripciones del Corán, atravesamos poco a poco el arco y al fondo se veía el imponente edificio de mármol blanco, me dediqué a observar las caras que la gente iba poniendo a medida que atravesaban el arco, muchos se quedaban quietos con la boca abierta, otros lo decían todo por el destello de sus ojos, tenían delante uno de los monumentos más bellos del planeta. Entonces yo, poco a poco fui caminando hacia el interior y notaba como el pelo se me erizaba, allí delante tenía el “TAJ MAHAL”. El cielo no estaba limpio, pero no importaba, había soñado con poder visitarlo alguna vez y mi sueño se había cumplido. El disparador de la cámara fotográfica no para mientras te vas aproximando, miras los jardines tradicionales persas, las fuentes que al estar funcionando distorsionaban su reflejo en el agua, subí unas escaleras teniéndome que descalzar previamente y ya en la plataforma donde está situado el monumento levanté la cabeza y dije “Dios mío, no me lo puedo creer”. Me fascinó su perfecta simetría, los relieves decorativos de flores labrados con un gran realismo, la caligrafía con incrustaciones en mármol negro e inscripciones del Corán me parecían notas musicales, los trabajos de “pietra dura” (técnica florentina) con incrustaciones de piedras preciosas o semipreciosas inspirado en el jardín del paraíso embellecen la austeridad del mármol blanco hasta hacerlo cálido, los cuatros alminares de 40 m de altura coronados por un templete octogonal me parecían sus guardianes. Hoy en día me faltan palabras para describir lo que en aquel momento sentí, creo que la sencillez del Taj Mahal es lo que lo hace tan deslumbrante.

Todos sabemos que se le conoce como el monumento al amor, construido por el emperador mogol Shah Jahan entre 1631 – 1643 en  memoria a su segunda esposa Muntaz Mahal que murió en el parto de su decimocuarto hijo. De las tumbas no se pueden tomar fotografías y un pequeño inconveniente para mí fue que no había suficiente iluminación como para poder apreciar bien la obra maestra, además estaba saturado de gente.

Un elenco de artesanos y arquitectos traídos de Bujará, Irán, Siria, Lahore etc, 20.000 trabajadores, bueyes, búfalos y más de mil elefantes trabajaron durante 12 años. Mármol blanco, piedra arenisca roja, mármol negro, jaspe, cristal y jade fueron los materiales que se utilizaron; turquesas del Tibet, lapislázuli de Afganistán, zafiros de Ceilán, cornalina de Arabia hasta un total de 28 tipo de gemas y piedras semipreciosas decoran el Taj Mahal.

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Taj Mahal

Al oeste hay una mezquita de arenisca roja que es un importante lugar de concentración para los musulmanes de Agra y el edificio situado al este idéntico a la mezquita (el jawab) fue construido para conservar la simetría y probablemente servía para dar alojamiento a los viajeros.

Cuando abandonaba el recinto me acordé del emperador Shah Jahan, pensé el dolor que tenía que haber sentido mirando la tumba de su amada prisionero por su propio hijo desde el Fuerte Rojo de Agra.

Hubiese regresado por la tarde para deleitarme con el atardecer, pero me fue imposible.

 

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