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El Lago Hiriwadunna

Lago Hiriwadunna

Lago Hiriwadunna un remanso de paz

Después de la subida a la Montaña Sagrada de Sigiriya no hay nada mejor que dar un paseo en barca por el lago Hiriwadunna y conocer a la gente.

Una vez finalizada nuestra visita en Sigiriya, el almuerzo lo tuvimos en Rukmali Restaurant and Guest, le pedimos a nuestro guía que queríamos comer a la carta pues que no nos apetecía para nada el bufé, normalmente nos llevaban a restaurantes para turistas, y lo que más me gusta es poder disfrutar con la gente local. Pagamos unos 12 euros por las dos.

Lago Hiriwadunna
Lago Hiriwadunna, flor de loto

Nuestro conductor nos ofreció una excursión a un lago en catamarán para visitar un poblado, donde la señora de la casa nos prepararía comida típica de Sri Lanka. Aceptamos la proposición que nos hizo y dicha sea la verdad mereció la pena. Mientras almorzábamos él lo organizó todo. Tengo que decir que la agencia de viajes “Viajes Sri Lanka “ estuvieron todo el tiempo pendiente de nosotras, para saber si todo iba funcionando como estaba planeado. Lo estupendo de esta agencia es que cuenta con personal de habla hispana, podéis visitar su página “viajessrilanka.es”, forman un gran equipo.

Nos llevó al lago Hiriwadunna que se encuentra a unos 11 km al norte de Sigiriya.

Al llegar lo primeros que vimos fue a un grupo de mujeres y niños en la orilla del lago. Los niños jugaban mientras ellas se lavaban. No les importaba nuestra presencia, se bañaban con un pareo y algunas mientras lavaban sus ropas tenían todo el tiempo el cepillo de dientes en la boca, otras peinaban sus largos cabellos negros. Era una bonita estampa, era la vida real de aquella gente, a pesar de gustarme la fotografía me sentía un poco intrusa.

Nos subimos al catamarán y dos hombres comenzaron a remar. Todo en calma, era relajante, solo nuestros comentarios interrumpían aquella paz. Estaba lleno de lirios de agua, flor de loto, la tarde iba cayendo y el paisaje se tornaba de un gris plata. Fabuloso. Pararon el catamarán, cogieron dos hojas de loto y nos hicieron dos sombreros que los decoraron con un lirio de agua. Me dieron a probar unos granos que tiene la flor de loto, era la primera vez que lo comía y a decir verdad no estaba nada más pues repetí varias veces. Nos fueron conduciendo por canales donde la vegetación nunca te deja de asombrar y el silencio era nuestro guía.

Lago Hiriwadunna
En el lago Hiriwadunna

Seguimos por los canales y llegamos a una casa de adobe, bueno para nosotros eso no sería una casa, pues  se componía de una sola habitación, el dormitorio estaba separado y en alto, era como una casa en un árbol, no tenían ni luz ni agua. El dueño estaba trabajando la tierra y nos mostró todo lo que había cultivado, pero que algunos cultivos los había plantados con retraso por falta de lluvia. Era increíble pensar en un país donde los monzones estaban presentes y el verdor que tiene su vegetación, les pudiese faltar agua.

La señora de la casa cocinó para nosotros y mientras lo hacia nos contó que sus hijos estaban con la abuela para que pudiesen asistir a la escuela. Ella tenía un pié vendado, le preguntamos que le había sucedido, nos comenta que se había clavado una puntilla. Pero allí estaba descalza con su venda en el pié trabajando.

La comida que nos hizo estaba buena y lo probamos todo, al final acompañado de un buen té. Nos contaron que los elefantes se acercaban a veces mucho a los cultivos que tenían, eran conscientes que aquel lugar era parque natural y que los espantaban con petardos y cohetes.

Lago Hiriwadunna
Secándose el pelo, Lago Hiriwadunna

La verdad que no nos hubiese importado quedarnos una noche allí. Pero regresamos al catamarán y continuamos el recorrido por los canales unos diez minutos más, nos llevaron para coger el siguiente vehículo que era un carro de bueyes, le dije a Herminia que esto iba degradando que ya era el único vehículo que nos quedaba por subirnos. Así, un buen rato nos llevaron en el carro y ya no sabíamos cuantos cardenales teníamos, los baches se hacían notar.

El siguiente tramo lo hicimos a pié pero fue un paseo agradable, llegamos a nuestro punto de partida y Thilak nos llevó a una casa de masajes Kelly’s Hideout Ayurvedic  Hotel & Spa en Habarana. El masaje fue muy relajante y estupendo, pero cuando vieron el cardenal tan negro que tenía en la pierna me preguntaron si podría haber algún problema.

Cuando terminaron con el masaje nos hicieron pasar a una sala donde había como unas cajas de madera que se abrían y te introducían en ellas, solo se te quedaba la cabeza fuera, es como si estuvieras metida en un ataúd, tenía una sabana y unas hojas, emanaba calor, nos dijeron que era para soltar todas las toxinas. No sé cuanto tiempo nos dejaron allí. Pensábamos que nos íbamos a derretir, era como poner una gamba a la plancha, pero nosotras no nos podíamos dar la vuelta, claro está que nos dio por reír y decir tonterías. Cuando aparecieron y nos abrieron la tapadera nos pareció un milagro y a continuación nos hicieron pasar a la sauna. Al principio todo perfecto, pero el efecto del calor se hacía cada vez más notable, no apto para personas que tienen la tensión baja. Claro está que no parábamos de hablar y reír, creo que el calor nos estaba afectando y pensábamos que se habían olvidado de nosotras. Llegó el momento que le dije a Herminia que si dejábamos de hablar y reír creerían que nos había sucedido algo y vendrían a abrirnos. ¡Y así fue! Fue dejar de hablar y a los pocos segundos estaban allí diciéndonos que podíamos salir.

Lago Hiriwadunna
Comida en el Lago Hiriwadunna

Nos limpiaron el aceite que teníamos en el cuerpo y luego nos agasajaron con un té. Thilak nos esperaba pacientemente. Después de una pequeña charla con el propietario de la sala de masajes pusimos rumbo al hotel, pero en el camino se nos cruzó una serpiente. Le pedí que detuviese el coche, quería hacerle fotos. Me faltó tiempo para bajarme, me fui aproximando, pero en un momento dado Thilak me llamó la atención y me prohibió acercarme más, luego nos comento que era una de las serpientes mas venenosas que había y que su cuñado estuvo a punto de morir por la picadura de una serpiente igual que esa. Nos cuidaba como un padre.

Llegamos al hotel justo para la cena, cuidando mucho de no coger comida picante. Después de la cena nos sentamos en el hall para escuchar música y tomar algo fresquito. Pero siempre acabábamos sentadas delante de nuestra habitación sumidas en el silencio de la noche y viendo como los pequeños monzones descargaban la lluvia.

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