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Dzongdrakha Goemba, el mini Nido del Tigre

Hoy era mi último día en Bhutan, estaba paseando temprano por los jardines del hotel, había llovido por la noche pero el sol ahora relucía en todo su esplendor, las libélulas volaban por doquier. Hoy haríamos una excursión al pueblo de Bondhey, situado al sur de Paro.

Libélula
Libélula

Vinieron a recogerme puntuales como siempre y nos pusimos en marcha. Al poco tiempo tuvimos que hacer una parada para ver como los aviones entraban con una maestría ejemplar entre las montañas para luego aterrizar en el pequeño aeropuerto. Impresionaba. Está catalogado como uno de los aeropuertos más peligros del mundo. Continuamos otro rato y de pronto Dawa giró a la izquierda en un camino y paró el coche. Dorji me dijo que ahora tocaba hacer un poco de trekking. ¡Y yo sin saberlo! Suerte que había dejado las zapatillas de deporte en el coche.

Avión entre las montañas
Avión entre las montañas

Comenzamos a caminar y las vistas del Valle de Paro por la zona sur eran espectaculares, al igual que los ancianos sentados en el campo o delante de sus casas, los campesinos trabajando  los campos de arroz, aquello había que disfrutarlo. Tuvimos que dejar el camino y comenzar el ascenso de una pequeña loma, el sol pegaba de justicia y se me estaba haciendo dura la subida, el ascenso al Nido del Tigre pasaba hoy factura.

Mientras subíamos nos aproximamos a unas casas, no daba crédito a lo que estaba viendo, otro monasterio como el Nido del Tigre. Era el Dzongdrakha Goemba, conocido como el mini Taktshang Goemba. Espectacular. Otra obra maestra colocada en un acantilado. Fue construido en el siglo XVI por el primer rey de la región, Chogay Dragpa, el complejo lo forma 4 templos, uno dedicado a Tara, otro a Tsheringma la diosa de la longevidad,  Guru Rinpoche y a Maitreya el Buda del futuro. Quisimos entrar a los patios de la casa, pero no había ni un alma por allí, pero sí unos cuantos perros, por lo cual desistimos. Solo un tramo de sendero justo detrás de las casas pudimos recorrer para aproximarnos un poco más al monasterio, estaba prohibido entrar, había 9 monjes meditando, vivían en total retiro, es decir, no podían ver a nadie ni hablar con nadie. Me mordía la lengua de rabia, ya que estaba allí y no podía visitarlo.

Dzongdrakha Goemba
Dzongdrakha Goemba

Teníamos que regresar, pero lo hicimos por otro camino. Nos encontramos a una señora sentada en el suelo arreglando una tubería, comprobaba que los trabajos duros los hacían las mujeres. Llegamos donde Dawa nos estaba esperando con el coche, hicimos una breve pausa para descansar y fumar un cigarro. ¡Día de suerte! Se acercaron tres chicas y se pusieron a conversar con ellos, al poco tiempo me comenta Dorji que las chicas nos han invitado a comer en su casa, si me apetecía ir o no. No me podía creer que sin conocernos de nada nos ofrecían su casa y comida. Era una guesthouse “Gatana Farm House, llevaba un año funcionando, podían acoger un máximo de 6 personas, tenían baño de piedras calientes. Entramos al salón que a su vez también funcionaba como dormitorio, nos ofrecieron de primero leche agria (especie de cuajada) con arroz seco machacado. Le preguntaron a Dorji si deseaba tomar otra cosa, le contestó que no había ningún problema conmigo que lo probaba todo o mejor dicho me lo comía todo. Luego nos trajeron arroz, carne de pollo y verduras. En una sala contigua a la nuestra llegaron unos cuantos monjes se estaban preparando para hacer un ritual en la casa para atraer la buena suerte. No nos pudimos quedar al ritual por faltaba tiempo.

Le pedí a Dorji ir al Paro Rinpung Dzong, “Fortaleza en un montón de joyas”, deseaba visitarlo otra vez. Un ejemplo de la exquisita arquitectura butanesa construido en 1644 por Zhabdrung Ngawang Namgyal, sus fuertes muros sirvieron para defender el Valle de Paro de las invasiones tibetanas. La madera ricamente tallada, pintada en oro, negro y ocres y las altas paredes encaladas, refuerza la sensación de poder y riqueza. En 1995 fue escenario de la película “El pequeño Buda” de Bernardo Bertolucci. En 1897 sobrevivió a un terremoto y fue seriamente dañado por un incendio en 1907. Pero allí sigue, vigilando y cuidando el valle.

A la hora de la cena Dorji me dijo que debería por lo menos hacerla una vez en el hotel, suele estar programada en los viajes. Le pedí que por ser la última noche me llevase a un restaurante local donde podría volver a comer esa sopa de fideos que tanto me gustaba. Así se hizo. La cena nos costó la friolera cantidad de 5 euros con las bebidas incluidas.

Tocaba descansar, a las 6 de la mañana me recogerían para llevarme al aeropuerto, volaba a Kathmandu. Si voláis a Nepal pedir ventana a la derecha. Podréis contemplar la cordillera del Himalaya y el Everest.

No fue fácil despedirse, había pasado 14 formidables días y me habían tratado como a una reina, había tenido experiencias entrañables que me las llevaba muy dentro de mi corazón.

Cena en restaurante local
Cena en restaurante local

 

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