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Despedida de Bhután

1656Era nuestro último día de visitas en la capital y comenzamos por el monasterio de Cheri Goemba, construido en 1620 por Zabdrung Ngawang Namgyal, donde las cenizas de su padre están en un chorten de plata en lo alto del monasterio después de ser trasladadas desde el Tibet. Fue el primer monasterio de Bhután. Para llegar a él hay que pasar por un puente maravilloso de madera y ¡cómo no!, otra subida de dos pares de narices. Mientras subíamos teníamos unas vistas impresionantes al parque nacional de Jigme Dorji, y solo el hecho de poder caminar por los alrededores del monasterio era un deleite, las tonalidades de la vegetación te hacía pensar que era un cuento.

Después del almuerzo visitamos el National Memorial Chorten de estilo tibetano, es uno de los más visitados en Thimpu y centro de adoración diaria. Construido en 1974 en memoria del tercer rey Jigme Dorji Wangchuck. Decorado con ricas pinturas, elaborados mandalas, estatuas y santuario para el popular rey. La gente hace girar las grandes ruedas rojas de oración y rezan deambulando por el santuario, siempre en el sentido de las agujas del reloj.

Volvimos a coger el coche y nos pusimos en marcha para visitar la reserva del Takin = animal nacional de Bhután. Hace años el rey decidió que dicha instalación no estaba en consonancia con las convicciones ambientales y religiosas, el parque fue disuelto y los animales puestos en libertad. Pero los takin eran tan mansos que vagaban alrededor de  las calles de Thimpu en busca de comida. Así que se volvió abrir la reserva, merece la pena ver, pues es un animal extraño, tiene como un cruce de ñu y de bisonte, por decir algo.

Se terminó las visitas! Paseamos por la ciudad y nos llamó la atención el hombre que dirigía el tráfico, estaba en una especie de caseta en una intersección y los movimientos que hacía con los brazos para dirigir la circulación era bastante divertido. Parecía una danza.

Cenamos y volvimos a caminar hasta llegar al hotel, aquella era la última noche que estábamos en Bhután, a la mañana siguiente salíamos hacia Paro para coger el avión a Nepal. No podía creer que aquellos 12 formidables días habían tocado a su fin, días llenos de vida y alegría, días de despreocupación total, días de mucho aprendizaje sobre un pueblo que hasta ahora había estado cerrado al turismo y que las nuevas tecnologías cambiaban también sus vidas, días donde la sonrisa y la amabilidad no faltaba, días donde nadie tuvo que aparentar ni disimular nada, días donde todos fuimos y sentimos lo que teníamos dentro de nosotros mismos.

A la mañana siguiente nos recogieron para llevarnos al aeropuerto. Ya nadie hablaba, ya nadie sonreía y nadie gastaba bromas. Hacia sol pero para mí es como si hubiese estado nublado. Hicimos la pequeña parada de rigor para fumar nuestros últimos cigarrillos juntos. No quería llegar al aeropuerto,1757 pero como siempre decimos ¡no hay más remedio!.

Si tengo algo que decir de aquel país es que es una joya, que me enamoré de él y de su gente, que hacía años que no me había sentido tan bien como allí, aprendí que no hacía falta mucho para ser feliz, y este país hace bien con tener ese famoso lema “Gross National Happiness is more important than Gross National Product.

La despedida fue un poco dura y lo único que les pedí que rezaran a Guru Rinpoche para que pudiese volver.

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