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Camino a Koggala

Sri Lanka, Ella
Cascada de Rawana

Aquello se acababa, teníamos que continuar nuestro viaje, pero se me hacía duro. Rumbo a Koggala, para poder disfrutar de sus playas. Thilak nos preguntó si queríamos tomar una ruta diferente a la que todos los turistas suelen hacer para llegar allí. Era por el interior. Nos pusimos en marcha y la primera parada la hicimos en la cascada de Rawana. Continuamos nuestro camino, hoy era un día soleado y hacía bastante calor. El paisaje nos había enmudecido, no queríamos perdernos nada y no sabíamos dónde dirigir la mirada, la cámara no hacía justicia con aquella belleza. Por la carretera se cruzaban tranquilamente lagartos de gran tamaño. Paramos en un puesto para tomarnos un té, el calor era aplastante. Se acercó un padre con su hija, la había recogido del colegio, tuvimos la oportunidad de preguntarle a nuestro guía porque todos los niños llevaban pañuelos colgados en las solapas de sus cuellos con un imperdible; nos dijo que no era un motivo decorativo, que los utilizaban para limpiarse la nariz y la boca, bueno así que todo se llevaba colgando.

El paisaje se fue convirtiendo en grandes extensiones de campos de arroz, decorado con plataneros, cocoteros y palmeras. Atravesamos una pequeña población y vi que había mercado, le pedí que por favor nos dejara tiempo para pasear y hacer fotos. El se quedó en el coche. Nosotras estábamos disfrutando de lo lindo, pues la gente parecía que no estaban acostumbrados al turismo y éramos la atracción, todos querían posar delante la cámara, todo el mundo sonreía y a todos tenías que mostrarles las imágenes. Los olores de los salazones con el calor era un poco fuerte, los cuervos se disputaban los trozos de pescados que habían tirado, sus bocas rojas de masticar el betel, aquello era lo que me hacía sentir. No sé cuánto tiempo transcurrió, pero Thilak vino a buscarnos. Siempre pendiente de nosotras. Un señor se acerco a nuestro guía y le pidió que si podía enviarle la foto.

Es una ruta que no la frecuentan mucho los turistas, así que muchos restaurante estaban cerrados, eran las dos de la tarde. Al final conseguimos en un hotel a pié de carretera un plato de arroz con verduras, la cocina estaba cerrada, pero tuvieron la amabilidad de atendernos.

Dejamos atrás la ciudad de Matara y las famosas playas de Mirisa. Queríamos ver los famosos pescadores en sus puestos de madera en el agua. Nos explica Thilak que seguramente tendríamos que pagar por hacer las fotos, pues se había convertido en un negocio para ellos.

Llegamos al hotel The Long Beach Resort en Koggala, situado a primera línea de playa. Para nosotros fue un hotel un poco impersonal, lleno de turistas rusos, alemanes e ingleses, me recordaba a los hoteles de la Costa del Sol y Benidorm. La habitación era amplia y teníamos salida directa a la playa. Nos quedamos tres noches. Teníamos unos días libres.

Nos despedíamos de Thilak, era su último día con nosotras, nos daba mucha pena, pues le habíamos tomado cariño y nos habíamos acostumbrado a sus bromas, pero sobre todo a su buena disposición y carácter. Desde aquí le envío un fuerte abrazo.

Asia, Sri Lanka
Betel

Nos fuimos a dar un paseo por la playa, arena fina y palmeras. El agua estaba templada pero me di cuenta que era una playa peligrosa, tenía remolinos, hoyos y una fuerte resaca. Los días que estuvimos la bandera roja ondeó siempre.

 

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