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Camino a Koggala, sur de Sri Lanka

Buscando las playas de Sri Lanka

Los dos días que habíamos pasado en Ella fue como un sueño, pero aquello tocaba a su fin y continuaríamos nuestro viaje hacia Koggala, Gale y sus playas.

Nuestro conductor Thilak nos vino a recoger en el Hotel 98 Acres, nos daba mucha pena tener que dejar aquel paraíso. Antes de ponernos en marcha nos preguntó si queríamos ir por la ruta convencional que todos los turistas hacían o si queríamos ir por el interior. No conocíamos ninguna, así que en el fondo nos daba un poco igual, aunque al final tomamos la decisión de ir por el interior.

Sri Lanka, Ella
Cascada de Rawana

Al poco tiempo de salir hicimos una parada corta en la cascada de Rawana,  con sus 25 metros de alto y sus pequeñas pozas, donde el turista como autóctonos disfrutan bañándose. También su puede visitar la cueva de Rawana, pero nosotras no teníamos tiempos para ello.

Continuamos nuestro camino, hoy era un día soleado y hacía bastante calor. El paisaje nos había enmudecido, no queríamos perdernos nada y no sabíamos dónde dirigir la mirada, las fotos que iba haciendo y luego las miraba en el visor me daba cuenta que no hacía justicia con aquella deslumbrante belleza.

Por la carretera se cruzaban tranquilamente lagartos de gran tamaño, nos hacían sentir invasores de su territorio. Paramos en un puesto para tomarnos un té, el calor se hacía cada vez más aplastante.

koggala
Mercado

Un padre se aproximó con su hija que había recogido del colegio. Le preguntamos a nuestro guía porque todos los niños llevaban pañuelos colgados en las solapas de sus cuellos con un imperdible; nos dijo que no era un motivo decorativo, que los utilizaban para limpiarse la nariz y la boca. Pensé que todo se llevaba o quedaba colgando.

El paisaje se fue transformando en grandes extensiones de campos de arroz, decorado con plataneros, cocoteros y palmeras. Atravesamos una pequeña población y vi que había mercado, nos faltó tiempo para pedirle a Thilak que por favor nos dejara tiempo para pasear y hacer fotos. El se quedó en el coche.

Nosotras disfrutando de lo lindo, la gente parecía que no estaba acostumbra al turismo y nosotras éramos la atracción, todos querían posar delante la cámara, todo el mundo sonreía y a todos tenías que mostrarles las imágenes. Los olores de los salazones con el calor era un poco fuerte, los cuervos se disputaban los trozos de pescados que habían tirado, sus bocas rojas por masticar el betel, todo aquello era lo que identificaba a su población, me hacía sentir. No sé cuánto tiempo había transcurrido, pero Thilak se vio obligado a venir a buscarnos. Siempre pendiente de nosotras. Un señor se acerco a nuestro guía y le pidió que si podía enviarle la foto que le había hecho.

Koggala
Mercado

Es una ruta que no la frecuentan mucho los turistas, así que muchos restaurante estaban cerrados, eran las dos de la tarde. Al final conseguimos en un hotel a pié de carretera un plato de arroz con verduras, la cocina estaba cerrada, pero tuvieron la amabilidad de atendernos.

Dejamos atrás la ciudad de Matara y las famosas playas de Mirisa. Queríamos llegar con tiempo y ver los famosos pescadores zancudos en sus puestos de madera pescando. Thilak nos explica que seguramente tendríamos que pagar por hacer las fotos, sabía que los turistas buscaban esas fotos y se había convertido un buen negocio para ellos.

Llegamos al hotel The Long Beach Resort en Koggala, situado a primera línea de playa. Para nosotros fue un hotel un poco impersonal, lleno de turistas rusos, alemanes e ingleses, me recordaba a los hoteles de la Costa del Sol y Benidorm, llenos de gente que solo venían a beber. Nuestra habitación era amplia y teníamos salida directa a la playa. En este hotel nos quedamos  tres noches. Teníamos unos días libres para recorrer algunos lugares de la zona.

Nos despedimos de Thilak, era su último día con nosotras, nos daba mucha pena, pues le habíamos tomado cariño y nos habíamos acostumbrado a sus bromas, pero sobre todo a su buena disposición y carácter. Desde aquí le envío un fuerte abrazo.

koggala
Betel

Nos fuimos a dar un paseo por la playa de arena fina y palmeras. El agua estaba templada pero me di cuenta que era una playa peligrosa, tenía remolinos, hoyos y una fuerte resaca. Los días que estuvimos la bandera roja ondeó siempre, así que no pudimos disfrutar de un buen baño.

 

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