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Bumthang 2

1285Después de ver las danzas nos fuimos a almorzar al hotel. Seguimos con nuestras visitas programadas al Jakar Dzong. Según la leyenda cuando los lamas se reunieron en 1549 para elegir un lugar para su construcción un gran pájaro blanco apareció y se posó en el pico de una colina, esto fue interpretado como un buen presagio. Fue nombrado como el Castillo del pájaro blanco. Ngagi Wangchuck fundó el monasterio. Su actual estructura fue construida en 1667. Su nombre oficial es Yuelay Namgyal Dzong, en honor a la victoria sobre las tropas tibetanas gobernadas por Phuntsho Mamgyal. Utilizado como centro administrativo del valle y en verano residencia de los monjes de Trongsa. Terminada la visita dimos un paseo hasta llegar a la ciudad para que Dawa nos llevase al hotel, a las 18 horas teníamos masajes, ¡por fin, después de tantos intentos!

Llegó la hora del masaje, fuimos a recepción para preguntar dónde estaba la sala de masajes y nos indicaron que detrás de las cocinas. Allí nos dirigimos y no lo encontrábamos, así que me metí en la cocina para preguntar. Amablemente nos indicaron. Era una cabaña de madera ubicada en lo alto de un monte, delante de la cabaña estaban las toallas y sábanas tendidas de un blanco inmaculado. Mientras íbamos subiendo la ladera (tenía sensación de ser Heide) vimos a un chico con su bata blanca con las manos en los bolsillos. Le dije a Carmen que parecía ser que los masajes nos lo darían chicos, cosa que nos no importaba, pero era extraño porque en los países asiáticos suelen preguntar si quieres que sea hombre o mujer los que te den el masaje. La cabaña tenía una estufa en medio de las dos camillas y el masajista nos dijo que nos quitásemos la ropa (excepto las braguitas)  y nos tumbásemos cubriéndonos con una sabana mientras los dos chicos esperarían fuera. Le comento a Carmen que para colmo llevaba tangas y ella me dijo en broma que si no tenía otro tipo de ropa interior.

Comenzaron a darnos los masajes por la espalda y mientras iba transcurriendo el tiempo empecé a notar el frio, mientras me masajeaba los brazos me temblaban las piernas y viceversa, cuando fue a darme el masaje en las piernas el pobre masajista no sabía dónde ni con qué sujetar la sabana para que no se me viese nada pues las braguitas no daban para mucho, se le notaba apurado. Luego nos indicaron que nos diésemos la vuelta, seguíamos cubiertas con la sabana, pero en ese momento veo a los dos masajistas quitando la única bombilla que había en la habitación, nos quedamos totalmente a oscuras. Fue cuestión de un minuto pero se me pasó de todo por la cabeza. Me vi corriendo colina abajo llevándome por delante sabanas y toallas, me dije que qué narices hacia yo allí sin saber su idioma y en lo alto de una colina. Lo único que hicieron fue cambiar la bombilla para poner una luz más tenue y así no ver nada. Cuando tocó el masaje en la cabeza que por cierto comenzó bastante bien 1374pero al final me empezaron a tirar de los pelos que creí que me tendría que comprar un peluquín en Bhután. La calidad del masaje ¡genial!, a pesar de aquellas anécdotas. Menos mal que llevaba linterna para poder volver al hotel. Carmen y yo delante de nuestras habitaciones contando lo que en ese momento habíamos pensado nos partíamos de la risa.

Cenamos en el hotel ¡había tortilla de patatas! ¡no,  nos lo podíamos creer!, nos supo a gloría, porque llega el momento de que el picante y tantos días era ya demasiado. Disfrutamos de nuestra cena con la Druk cerveza de 660 ml.

Día completo, y ya relajados nos fuimos a nuestras habitaciones a trabajar, es decir encender estufa para calentar la nevera.

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