You are here
Home > Mis viajes > Asia > Bhután > Bhutan, la ciudad de Paro

Bhutan, la ciudad de Paro

Después de la excursión al Nido del Tigre nos dirigimos a la ciudad de Paro. Lo primero que me preguntó Dorji era si quería irme a hotel a descansar. Con firmeza le contesté que no, se quedó sorprendido y comentó que todo el mundo después del ascenso al monasterio y del almuerzo se iban a descansar, me preguntó si verdaderamente no estaba cansada, le contesté que un poco pero que no quería perder el tiempo en la habitación del hotel. Claro estaba que los que estaban cansados eran ellos. Les comenté que no había ningún problema, que se fuesen ellos a descansar hasta la hora de la cena, yo me iría a caminar por la ciudad. Cosa que estaba deseando hacer sola, Bhutan es un país que desde que entras tienes guía y chofer acompañándote en todo momento, son tus guardaespaldas.

Paro Rinpung Dzong
Paro Rinpung Dzong

Paro es una tranquila ciudad que cuenta con unos 20.000 habitantes, su calle principal es un complejo de arquitectura tradicional butanesa con edificios ricamente decorados, alberga pequeños restaurante y tiendas, además tiene el único aeropuerto del país. Es una verdadera gozada pasear tranquilamente por sus calles y observar el día a día de sus habitantes. A pesar de su proximidad con la capital Thimphu, Paro es mucho más provinciana y se respira un ambiente muy tranquilo. No obstante es una ciudad que ofrece mucho para visitar, como el Museo National, Paro Rinpung Dzong, Mercado los domingos y por los alrededores; el templo  Kyichu Lhakhang, Taktshang Goemba, Sanga Choekor Shedra, ect.  Paro es la ciudad perfecta para aquel que quiera disfrutar de un retiro sosegado.

Venta típica butanesa
Venta típica butanesa

Estuve buscando lugares para poder hacer fotos nocturnas del Dzong, viendo tiendas, alucinaba con los tamaños que tenían los dardos, otro deporte que se practica mucho, comprando música de monjes, mantras y típica del país. Sobre todo me dediqué a observar a los niños jugando en la calle, me asombraba el ingenio que tenían para fabricarse sus propios juguetes o jugaban con cualquier cosa. Me trasladé a mi niñez, recordaba cómo jugábamos todos los amiguillos juntos en la calle, inventando alguna tropelía o compartiendo lo que teníamos.

Tanto Dorji como Dawa me dijeron que volviese a las 17:30 horas, fui benévola y les dejé media hora más de descanso. Cuando los recogí nos fuimos a cenar al Restaurante Charo, estaba ya concertado. La comida estaba buena, sobre todo las verduras, pero con la carne había un pequeño problema, la sirven muy hecha, o mejor dicho, muy pasada, tuve serios problemas para comérmela, no había forma de partirla, ni con las manos y mordiéndola pude degustarla, jajajaj.

Intentando comerme la carne
Intentando comerme la carne

Una vez terminada la cena, antes de que me volviesen a  preguntar si estaba cansada, les dije que había visto algunos lugares para hacer fotos nocturnas. Así que cogimos el coche y nos dirigimos al puente de madera del Paro Dzong, seguidamente caminamos hacía el puente nuevo que se encuentra a la entrada de Paro cuando vienes desde Thimphu. A continuación nos pusimos en marcha hacia el Hotel Olathang donde yo pernoctaba, no sin antes parar otra vez para hacer fotos, aunque el hotel está retirado, a mitad de camino hay unas magníficas vistas hacia el Valle de Paro y el Paro Dzong. Al final Dorji me preguntó ¿no estás cansada?. Le contesté que un poco e inmediatamente me respondió que no se podía explicar cómo después del ascenso al monasterio y no haber descansado nada podía decir que solo un poco.

Top