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Bamei, el pueblo de los proscritos

Cuevas de Bamei

Bamei y el literato Tao Yuanming

Bamei amaneció bajo la niebla, era espectacular, solo conseguía ver un poco la parte baja de las montañas y la plaza del pueblo donde las mujeres iban con sus canastos y depositaban en el suelo lo que habían recolectado para que el sol luego fuese secando las plantas.

El Sr. Bamei junto a su señora nos prepararon el desayuno, el típico desayuno chino de sopa de fideos, que por cierto estaba muy bueno y no podían faltar los huevos cocidos. Él desayunó con nosotras y posteriormente fumó en aquella pipa hecha de bambú que contenía agua en su interior.

Cuevas de Bamei
Bamei bajo la niebla

Nos pusimos en marcha, el nos enseñaría lugares de aquel paraíso perdido. Atravesamos la parte baja del pueblo y comenzamos el ascenso por una montaña. El camino como los escalones estaba en perfectas condiciones. Era magnífico ver como la niebla envolvía aquel lugar, lo hacía por momentos más místico.

Paramos a mitad de camino en un mirador, contemplamos como la niebla iba ascendiendo lentamente y los débiles rayos de sol hacían breves incursiones en el valle.

El Sr. Bamei nos dio a entender que todas las mañanas amanecía así. Era impensable que con aquel señor que no tenía conocimientos de idiomas y nosotras de chino llegásemos a comunicarnos mejor que con nuestro guía.

Cuevas de Bamei
Interior de una cueva en la montaña

Al final la niebla se disipó y nosotros continuamos explorando aquel lugar, nos llevó a unas cuevas y con alegría porque siempre estaba riendo, nos mostraba cada rincón y nos pedía que le hiciésemos fotos, le encantaba posar.

Regresamos al pueblo y nos mostró otro de los milenarios árboles que tenían. La vida transcurría apaciblemente allí. El poco turismo que había era chino, pero la mayoría solo lo visitaba durante el día, no mucha gente se quedaba a pernoctar allí.

El día anterior antes de que nuestro guía se marchase estuvimos hablando con el Sr. Bamei sobre algunas construcciones que se habían llevado a cabo que verdaderamente estropeaban aquel lugar tan perfecto. Nos comentó que el estaba totalmente de acuerdo, que ya había enviado escrito a los diferentes ministerios para que no diesen licencia a cierto tipo de construcciones, por lo visto el ejercía como de alcalde y luchaba para que aquel lugar no perdiese su esencia.

Cuevas de Bamei
Mujeres de Bamei trabajando en el campo

Regresamos al hotel tranquilamente, veíamos como las mujeres trabajaban el campo, casi todas ellas vestían el mismo traje, por lo que nos dieron a entender era su traje típico, pero cuando llegaba la recolecta de arroz todas ellas se vestían  otro traje típico en tonos blancos y azules con bordados.

La vida es simple y fácil, la gente vive de los que ellos mismos producen como arroz, algodón, tejen su propia ropa y hasta producen su propio aceite para cocinar. Mientras tienen suficiente sal, pueden permanecer en el pueblo sin contacto con el mundo exterior.

Antes de servirnos el almuerzo me di cuenta que la cremallera de mi maleta se había roto, Carmen y yo intentamos arreglarla, pero todo esfuerzo fue en vano, así que al final tomé la decisión que tenía que comprarme una maleta antes de emprender el viaje de regreso.

Después del almuerzo nos fuimos a recorrer otra parte de aquel valle. Seguimos un camino a la izquierda del hotel donde había pequeñas tiendas con artículos de plata. Continuamos hasta llegar a una parte totalmente deshabitada y seguimos por un sendero, siempre había algo que nos llamase la atención, ruedas de agua, el tronco de un árbol de extraña forma, puentes hechos de bambú, etc.

Cuevas de Bamei
Barcas para atravesar las cuevas

Llegamos a la otra parte del río Bamei donde había una cantidad tremenda de barcas. Queríamos conocer la cueva que el Sr. Bamei nos había enseñado en un libro la noche anterior. Le preguntamos a un chico que parecía el encargado por el precio, nos hablaba en chino y no había forma de entendernos. Le saqué mi libreta para que me lo escribiese, y me lo escribió pero en chino, intentaba decirle que en números y me lo volvía a escribir en chino. Así que sacamos dinero para que nos dijese cuanto costaba ir a la otra parte de la cueva. Un señor mayor que había allí le hizo señas a Carmen señalando que costaba 60 yuanes, intentaba decirnos que no nos cobrase más y eso fue lo que al final pagamos. Al subirnos en la barca comprobé que había una hoja de control colgada en una baranda y me sentó como una patada en el barriga ver que los números estaban escritos tanto en chino como en nuestro sistema numérico, el muchacho estaría de mal humor y no le dio la gana de hacérnoslo fácil.

El paisaje era como todo aquel lugar, maravilloso. Atravesamos al final la cueva y desembarcamos, pero no era la cueva que nosotras buscábamos, realmente te sientes perdida porque no sabes a quién y cómo preguntar. Estuvimos un rato por allí y antes de que comenzase a hacerse de noche volvimos a coger la barca y regresamos.

Cuevas de Bamei
Con la Sra. Bamei, después de la cena

Teníamos tiempo hasta la hora de la cena, nos dimos un paseo por los campos, observaba como los hombres lavaban los pollos en el agua del río y las mujeres seguían trabajando en los campos. Nos dirigimos otra vez a la entrada de la cueva por donde llegamos el día anterior, las norias de agua seguían girando y los barqueros comenzaron a retirarse.

Regresamos al hotel, nos esperaban para darnos la cena, aquella noche la comida fue inolvidable para nosotras, nos pusieron una sopa de pollo riquísima, nos llegamos a tomar el bol grande que nos pusieron y nos lo volvieron a llenar hasta la mitad, además nos pusieron unas patatas muy pequeñas y oscuras en rodajas como hechas a la brasa, verduras y arroz, para mí fue el mejor sitio donde comí en China.

Los dueños del hotel se hicieron fotos con nosotras, la verdad que les encantaban ponerse delante de la cámara. Después de la cena el Sr. Bamei se sentó con nosotras y nos cantó, tenía una voz maravillosa, aquello no tenía precio. Recuerdo con cariño que siempre estaba sonriendo, es de la pocas personas en China que desde por la mañana hasta la noche no perdía la sonrisa en ningún momento.

Cuevas de Bamei
Sr. Bamei cargando con nuestras maletas

A la mañana siguiente nos levantamos y preparamos las maletas. Le pedimos al Sr. Bamei que no preparase el desayuno, que nosotras habíamos comido las magdalenas y algunas cosas de bollería que habíamos comprado en Puzhehei.

Nos pusimos en marcha, el Sr. Bamei cogió un palo y enganchó cada maleta a un extremo del palo, luego se colocó el palo en el hombro y las levantó. La salida del pueblo no se hace por el mismo lugar que entras, está en la parte opuesta, fue por donde Carmen y yo estuvimos la tarde anterior paseando en barca. No quería pensar que aquel señor pequeño llevaría las maletas hasta el embarcadero. ¡Y así fue¡. Al final colocaron las maletas en una barca, dudaba si aguantaría nuestro peso el del Sr. Bamei, una señora que se vino con nosotras y el barquero más todo el equipaje. Hicimos el mismo recorrido. Para continuar nos subimos en unos coches de caballos, recorrimos un buen trecho hasta otra cueva, volvimos a coger otra barca y ahí fue donde vimos la maravillosa y grande cueva que él nos mostró en el libro. Estaba iluminada con luces de colores rojas, verdes, azules, violetas, aquello era todo un espectáculo, pero nuestro anfitrión nos volvió agasajar con una canción una vez más. No tengo palabras para describir la sensación que tuve en aquel instante, si la entrada había sido preciosa, la salida fue espectacular, el vello se me ponía de punta a cada instante.

Cueva en Bamei
Cueva en Bamei

Al final del trayecto nos esperaba Henry y el chofer, nos despedimos del Sr. Bamei y nos dirigimos a un parking donde estaba nuestro coche. Ese día teníamos un largo trayecto, nos dirigíamos a  Dongchuan, las tierras rojas.

El literato Tao Yuanming llevaba razón, existe un pueblo perdido y este es Bamei.

 

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