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Bali en moto

Padang Bai

Recorriendo el este de Bali

Si hay una cosa emocionante en Bali que deben hacer es recorrer la isla en moto, aunque a veces hay que pensárselo un poco debido a su forma de conducir.

Jemi estaba de descanso y se ofreció mostrarnos la parte este de la isla. Mis compañeros cansados de tanto coche del día anterior prefirieron pasear por los campos de arroz de Ubud, así que se presentó en el hotel en su  moto para hacer un recorrido. Hace muchos años tuve un pequeño accidente de moto y le cogí miedo. Al principio tenía mis dudas sobre el viaje, pero fue un día magnifico, sobre todo no pierdes tanto tiempo en los desplazamientos y paras donde quieres y cuando quieres.

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Playa de Badang Pai

Nos dirigimos hacía Klungkung. Paramos en el pueblo de Kolin ,en el distrito de  Banjaramgkan para visitar el Pura Agung Kentel Gumi. Este templo es símbolo de la montaña y el universo, uno de los templos celestiales y lugar de culto para Ida Sang Hyang para invocar la prosperidad. Fue construido por MPU Kuturan en el año 980 como templo supremo y ampliado en 1350 por Sri Krishna Kepakisan. Estuvimos solos en el templo, no sé donde estaban los turistas o era que no lo visitaban mucho, cosa que me encantó.

Continuamos nuestro recorrido por la carretera que bordea la costa. En la playa de Padang Bai vi una multitud de devotos haciendo ofrendas y lanzándolas al mar. Le pedí que parase la moto, me baje corriendo y con cámara en mano me mezclé con toda aquella gente, la cual no les importaba absolutamente nada que estuviese yo allí haciendo fotos.

Padang Bai
Pura Agung Kentel Guni

La playa es de arena negra y el agua de un azul espectacular, pero sus ropas blancas resaltaban sobre todo y la alegría con que se subían en las barcas y se acercaban al agua para lanzar sus ofrendas hizo que en un momento dado me olvidase de la cámara, no quería perderme sus caras, sus movimientos y su alegría.

Justo enfrente de aquel espectáculo en la parte izquierda de la carretera estaba el Pura Goa Lawah, (Cueva de los Murciélagos) repleto de balineses y algunos turistas.

Con más de 1000 años de antigüedad, ejerce un importante papel en los rituales relacionados con la vida después de la muerte. El elemento principal del templo es una cueva habitada por decenas de miles de murciélagos frugívoros. La leyenda cuenta que la cueva se adentra 30 km en el interior de la montaña hasta llegar a Besakih y que en ella vive una serpiente gigante llamada Basuki que se alimenta de murciélagos. Es uno de los templos más sagrados de Bali.

Padang Bai
Pura Goa Lawah

Antes de montarnos en la moto Jemi se fue a un puesto de comida y compró “sate”, este era de pescado hecho a la parrilla en una brocheta. Me senté en unos escalones cerca de la playa y saboreé esos pinchitos.

Continuamos hacía la bahía de Padang Bai. En la parte norte de la bahía visitamos el Pura Silayukti. Empu Kuturan introdujo en el siglo XI el sistema de castas en la isla al igual que el sistema de tres templos en las aldeas balinesas. Es un complejo con varios templos.

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Pura Agung Kentel Gumi

En la bahía hay una playa que sin dudarlo me hubiese quedado a vivir allí. Agua cristalina de un azul turquesa maravilloso. Es una zona donde se practica mucho el submarinismo y hay escuelas de buceo aunque los lugareños continúan con sus artes tradicionales de pesca.

Deshidratados por el calor y con un hambre atroz nos fuimos a comer al restaurante Pondok Mina que se encuentra en la carretera de Padangkerta – Karangasem. Lugar recomendable, buena comida, tranquilo, visitado tanto por lugareños y algunos turistas. El precio de la comida con bebidas incluidas fue de 4 euros por persona.

Una vez terminado el almuerzo cogimos otra vez la moto y visitamos el maravilloso palacio Taman Tirtagangga que significa “Agua sagrada del Ganges”. Es el mejor ejemplo que se conserva de los palacios de agua balineses.

Padang Bai
Taman Tirtagangga

Taman Tirtagangga se construyó en 1947 por Gusti Gede Djelantik durante el reinado de Anak Agung Anglurah Ketut, último rey de Karangasem. Tuvo que ser restaurado en 1963 tras la erupción del Gunung Agung. Está formado por un manantial sagrado, una piscina alimentada por agua fresca de un manantial, varios estanques, algunos de ellos con hojas de lotos muy grandes y otros con peces koi y una piscina donde la gente puede bañarse siempre que pague.

Es un lugar para visitarlo con tranquilidad y recrearse en cada uno de los rincones que tiene. La entrada al palacio me costó 10.000 rupias, unos 70 céntimos de euro.

Padang Bai
Restaurante Pondok Mina

De allí nos dirigimos al Pura Pesimpenan Baturaya un templo budista – hinduista, Se cree que tiene vínculos con los templos japoneses. Durante la visita solo estuvimos acompañados del encargado del templo, ni un lugareño ni un turista, estábamos totalmente solos en el aquel lugar con lo cual se respiraba una paz increíble. Mientras yo hacía el recorrido Jemi estuvo todo el tiempo conversando con el señor, fue un antiguo empleado en las tierras de su padre.

La tarde se nos echaba encima y nos fuimos al Taman Ujung en Karangasem, construido en 1919 durante el reinado de I Gusti Bagus Jelantik. El nombre de Ujung significa “extremo”. No sirvió como lugar para el baño real pero si como castigo para los seguidores de la magia negra conocida como Pangiwe o como Leyaks. Tiene una superficie de unas 10 hectáreas, compuesto por estanques, pabellones de descanso, sala de meditación. Sirvió para recibir dignatarios en su visita al reino de Kerangasem. Se abrió al público en 1921 durante la ocupación holandesa. Se inauguró con unas inscripciones hechas en el mármol en lengua latina y balinesa, tiene una combinación de construcción balinesa y europea. El precio de la entrada fue de 20.000 rupias.

Padang Bai
Pura Pesimpenan Baturaya

Cuando salimos era casi de noche, teníamos unas dos horas y media de trayecto hasta Ubud. Hicimos el recorrido sin parar una sola vez.  La experiencia de haber recorrido una parte de Bali en moto fue formidable y la aconsejo a todo el mundo porque a pesar del respeto o un poco de miedo que les tengo a las motos, merece la pena. Eso sí, cuando llegamos al hotel casi no podía bajarme de la moto, me dolía todo y estaba entumecida.

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